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Pablo Pineda

El cambio de candidatos intensifica el asalto a las alcaldías de la Cuenca Minera

CUENCA MINERA. Pasan los días y la inquietud emana de los partidos políticos con cada vez mayor vigorosidad ante la oportunidad, o amenaza, que supone la cercanía de la materialización de un nuevo ejercicio democrático por parte de los ciudadanos, el de la elección de sus representantes más directos. Un contexto en el que, al igual que al resto del país, hay que situar al conjunto de la Cuenca Minera de Río Tinto, donde emergentes dosis de incertidumbre marcan la antesala de las elecciones municipales del próximo 27 de mayo. Los cambios de candidatos propiciados por la decisión de algunos de los alcaldes de la zona de no presentarse a la reelección insertan ciertas dudas acerca del panorama político que se abrirá en la comarca a partir de la inminente cita con las urnas. Éste es el caso de los municipios de El Campillo, Minas de Riotinto y La Granada de Riotinto, donde sus regidores, Fernando Pineda (PSOE), José Manuel Delgado (PSOE) y Salud del Carmen Moreno (PP), no volverán a encabezar las listas de sus respectivos grupos. Diferente es la situación de Zalamea la Real, donde, aunque su alcalde, Marcos García, liderará de nuevo el proyecto de IU, la transformación se ha producido en el seno del Partido Socialista, con el retorno de Vicente Zarza, en sustitución de Rosario Mateo. Escasas son, en cambio, las variaciones en Nerva, Campofrío y Berrocal. 

El foco de la atención se ciñe con especial énfasis en torno a los posibles resultados de la localidad zalameña, donde las quinielas previas no aciertan a garantizar el mantenimiento en el poder del izquierdista Marcos García, quien gobierna desde los anteriores comicios de 2003 gracias al apoyo obtenido del único edil del PP durante el pleno de constitución de la Corporación municipal. Tras alcanzar en las urnas la cifra de cinco concejales, la misma cantidad que el partido que dirigía el Ayuntamiento desde la restauración del sistema democrático, aunque con un rédito de cien votos menos, Marcos García accedía a la Alcaldía bajo la siembra de una crisis en el pacto de progreso suscrito por las direcciones provinciales de PSOE e IU, y en detrimento de la anterior candidata socialista, Rosario Mateo. 

Con el fin de recuperar el mando de Zalamea la Real, vuelve a comandar los ideales socialistas el anterior regidor del municipio, Vicente Zarza, quien hace cuatro años anunció su relevo en el cargo tras ganar en 1999 con el 64,17 por ciento de los votos. Una mayoría aplastante que actúa como su mejor aval ante la proximidad del 27-M. No obstante, en aquella ocasión no era Marcos García el candidato de la coalición, circunstancia a la que hay que sumar la ventaja que siempre confiere el hecho de afrontar unas elecciones desde el sillón del gobierno. 

La igualdad también caracterizó el desenlace de las últimas elecciones municipales en una Nerva sumida en una enconada fragmentación social, con un pueblo que vivía los últimos coletazos de la división entre el ‘sí’ y el ‘no’ al vertedero. La renta de un 46,11 por ciento de los votos (un total de 1.867) lograda por el PSOE apenas superaba, pese a otorgar una ajustada mayoría absoluta al grupo socialista, los 1.656 apoyos recibidos por el Grupo Independiente de Nerva, Giner (un 40,9 por ciento de los votos escrutados). Aunque entre Giner, IU (258 votos, el 6,37 por ciento) y PP (228 votos, el 5,63 por ciento) sumaban mayor cantidad de votos que la candidatura del PSOE, Eduardo Manuel Muñoz fue ratificado sin necesidad de alianzas de gobierno, al no conseguir IU y PP ningún edil. Siete cayeron del lado socialista y seis (uno más que en 1999, en detrimento de los populares) dejaron a los independientes al borde de la victoria. 

Una vez más emerge el  actual portavoz del Giner en el Ayuntamiento de Nerva, Domingo Domínguez, como el principal rival político de Muñoz en un municipio en el que la renovación de la lista de IU, con el joven Óscar Collado a la cabeza, y la aparición en escena de una formación del PA, liderada por Rafael Betanzos, puede convertir a alguno de estos partidos minoritarios en la llave del poder. Bastaría con que el PSOE perdiera uno de los siete concejales de los que dispone en el presente mandato en beneficio de IU o PA para que resultara necesaria la certificación de un pacto de gobierno. En cambio, si fueran los independientes los destinatarios de esa hipotética acta, Domínguez sería investido con mayoría absoluta.   

A favor del Giner juegan las sospechas existentes sobre irregularidades en las cuentas municipales de los ejercicios 2003 y 2004, investigadas, tras la denuncia de los independientes y un informe de la propia Intervención del Consistorio, por el Tribunal de Cuentas, así como la decisión del equipo de Gobierno socialista de sacar a concurso la gestión del suministro de agua en Nerva y la posterior contratación de la empresa Aqualia, a pesar de que se trata de una competencia transferida a la Mancomunidad de la Cuenca Minera, donde la adjudicataria del servicio es Giahsa. Una acción, esta última, sobre la que se cierne la sombra de una presunta satisfacción de intereses económicos ante las deudas que ahogan a las arcas del Ayuntamiento. Sin embargo, el grupo de Domingo Domínguez tendrá que solventar la supuesta pérdida de credibilidad que pudo alimentar, al menos, entre sus votantes ‘anti-vertedero’, al pactar con el PSOE la formación de un Gobierno de integración que contribuyera a cicatrizar de forma definitiva las heridas abiertas durante la gestión del anterior alcalde, el socialista José Villalba, y, en consecuencia, sentar las bases de un clima de paz social. Un acuerdo que, meses después, se rompió para reactivar una combativa labor de oposición entre los independientes, quienes, como motivo de su marcha, alegaron el incumplimiento, por parte del equipo de Muñoz, de las condiciones medioambientales (centradas en la creación de una efectiva comisión de seguimiento del vertedero, con participación de ecologistas, vecinos, técnicos y otros agentes sociales), de empleo y de dotación presupuestaria de cada una de las áreas municipales interpuestas por el Giner. 

Grandes similitudes presenta la batalla política en las localidades de El Campillo y Minas de Riotinto, donde los dirigentes socialistas que han ocupado la Alcaldía en los últimos dos mandatos, Fernando Pineda y José Manuel Delgado (el primero ya había dirigido el municipio campillero en las tres primeras legislaturas del actual sistema democrático), desestimaron someterse a la reelección. El regidor riotinteño, incluso, presentó su dimisión hace ya varios meses para dejar su puesto a la hasta entonces teniente alcalde y actual candidata del PSOE, Nuria Hernández. Lo mismo pretendía hacer su homólogo de El Campillo, aunque sus compañeros de formación le pidieron que agotara los cuatro años y fueran los ciudadanos los que decretasen, a través del voto, su relevo por Encarnación Palazuelo, primera teniente alcalde y aspirante socialista.  

Palazuelo afronta el asalto a la Alcaldía de El Campillo con dos nuevos oponentes en PA e IU, cuyos candidatos de 2003, Sonia Ruiz y Luisa Guerrero, han dejado, de manera respectiva, su lugar a Francisco Javier Cuaresma (segundo en la lista andalucista de hace cuatro años y ex presidente de la Hermandad de la Santa Cruz de El Campillo) y Álvaro Romero, quien, a sus 23 años, tendrá que solventar el obstáculo de su inexperiencia con la ilusión propia de la juventud. La independencia de sus integrantes es el principal escollo que deberá soslayar un PA que se define en la comarca como un “grupo de izquierdas”. De hecho, algunos de sus miembros reconocen que su adhesión a las siglas andalucistas vino determinada en 2003 por las dificultades que entrañaba la fundación de un partido independiente. Cuaresma, incluso, ya formó parte de listas de IU en el pasado. En este sentido, ante la incertidumbre propiciada por las variaciones, el reto de los socialistas pasa por conservar la mayoría absoluta, cifrada en 6 concejales (en la actualidad, disponen de 7, frente a los 4 ediles que se reparten de forma equitativa en el Consistorio los andalucistas y la coalición). Un objetivo que responde al acentuado carácter anti-PSOE que profesan las agrupaciones locales de PA e IU, lo cual hace presagiar una probable alianza entre ambos grupos para desbancar a los socialistas del gobierno en el hipotético caso de que éstos perdieran dos concejales con respecto a 2003. 

En Minas de Riotinto, donde el PSOE, con 6 ediles (mayoría absoluta), apenas aventaja en uno a los tres grupos de la oposición (IU, PA y PP) tras cosechar una victoria en 2003 sustentada por el 52,72 por ciento de los votos, Nuria Hernández deberá lidiar con la crisis económica de un Ayuntamiento que, durante el presente mandato, ha atravesado serias dificultades a la hora de pagar las nóminas de sus trabajadores, debido a la ausencia de ingresos motivada por la inactividad del suelo embargado a la mina. Una circunstancia que, en unión con otras, desgastó al ya ex alcalde José Manuel Delgado. La incógnita está en la reacción de los ciudadanos ante la nueva candidata, aunque determinadas corrientes de opinión sostienen que habría sido la continuidad de su predecesor la que habría supuesto un mayor riesgo para el PSOE en su meta de mantener la dirección del pueblo riotinteño. De hecho, en 2003, tras la reducción de la Corporación de 13 a 11 concejales, causada por el descenso de población, el grupo socialista ya perdió un representante, al mismo tiempo que su porcentaje de votos bajó 1,44 puntos porcentuales para acercar en exceso al PSOE a la frontera que separa la mayoría absoluta de la simple. 

Un futuro difuso se divisa en el horizonte del 27 de mayo en La Granada de Riotinto, donde la anunciada retirada de la popular Salud del Carmen Moreno abre las puertas del poder al PSOE, mientras que en Berrocal, las ayudas recibidas en respuesta al devastador incendio que en el verano de 2004 arrasó el sector del corcho y el patrimonio medioambiental de la localidad pueden jugar un papel determinante en la reelección del socialista Juan Jesús Bermejo, quien en los anteriores comicios, en detrimento del PP, alcanzó el bastón de mando del Consistorio merced a un pacto con IU. En cambio, ningún atisbo permite vaticinar posibles sorpresas en Campofrío, donde José Julio González (PSOE) parte como favorito para alzarse con el gobierno local después de que en 2003 obtuviera 5 de los 7 representantes municipales. 

Una comarca a la espera de proyectos que reactiven la diversificación

 La Cuenca Minera, en su anhelo de hallar el camino hacia un desarrollo que le permita olvidar el periodo de crisis abierto por la clausura de la actividad minera, afronta el inicio de un nuevo mandato con un programa de reivindicaciones similares a las que marcaron el arranque del periodo de gobierno municipal inaugurado en 2003. Entre ellas, el desdoble de la carretera N-435, la recuperación de suelo para la creación de un polígono industrial comarcal capaz de albergar a empresas de grandes dimensiones y un centro de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+i) que permita la consolidación de la emergente industria del plástico, instalada en la comarca en el contexto de la primera diversificación socioeconómica de finales de los años ochenta. No obstante, las expectativas, al menos, en cuanto a la urgente necesidad de mejora de las comunicaciones, sin la cual resulta inviable la reindustrialización de la zona, son positivas, ya que desde el acceso al poder de José Luis Rodríguez Zapatero en 2004 existe un compromiso por parte del Gobierno central para la conversión en autovía de la carretera que une Huelva con Badajoz, aunque la ejecución del proyecto aún carece de plazos concretos. 

La desidia política marca el mandato en la Mancomunidad   

CUENCA MINERA. Un mandato difícil, con un ambiente viciado por la tendencia al individualismo de los municipios coaligados en torno a la Mancomunidad de la Cuenca Minera. Bajo estas notas pueden englobarse los últimos cuatro años de una institución que encuentra, al estrellarse contra esta realidad, un importante obstáculo para erigirse como el garante de la unidad que requiere la comarca, en su búsqueda de soluciones a la problemática socioeconómica que acucia a la zona desde el cierre de la actividad minera. Diversos episodios acontecidos desde 2003, con los diferentes grupos políticos como protagonistas, evidencian lo que ha sido definido por los propios dirigentes de la comarca como una actitud localista que frena el desarrollo de la Cuenca en su conjunto. 

Entre estas circunstancias aparecen las habituales ausencias de los representantes de PP y PA en los plenos del organismo comarcal, que, más allá de un suceso aleatorio motivado por algún imprevisto, se han convertido en una constante, sobre todo, en lo que se refiere a la única vocal andalucista, la portavoz de este grupo en el Ayuntamiento de El Campillo, Sonia Ruiz, que apenas ha acudido a 3 de las 21 sesiones plenarias celebradas en la Mancomunidad en la presente legislatura. Un hecho que, en el marco de un PA que propugna una apuesta decidida por el ámbito comarcal, pone de manifiesto el carácter independiente de quienes configuran la lista de este partido, al menos, en el municipio campillero.  

No resulta mucho más positiva la participación de los seis miembros del Partido Popular, en la medida en que hasta en 12 ocasiones ha quedado vacía la totalidad de sus asientos en los plenos del ente supramunicipal. Incluso, dos de los tres vocales populares procedentes de La Granada de Riotinto, María Dolores Expósito y Manuel Ceferino Vázquez, no han acudido a ninguna convocatoria. La alcaldesa de esta localidad, Salud del Carmen Moreno, por su parte, sólo ha estado presente en 6 sesiones plenarias, las mismas que la líder de la oposición en Berrocal, María Dolores García, y sólo una menos que el otro vocal del PP berrocaleño, Luis Daniel Romero, quien, tras presentar su dimisión a mediados del actual mandato, no fue sustituido por ningún compañero de filas. El representante de los populares valverdeños, un municipio que sólo es componente de la Mancomunidad de la Cuenca Minera en aquellos temas relacionados con la gestión del agua, sólo apareció en 2 de los 17 plenos en los que fue requerida la participación de la Corporación andevaleña. 

En cuanto al bando socialista, la media de asistencia de los 15 vocales que configuran su grupo comarcal roza el 90 por ciento. Un promedio que desciende, no obstante, al sumar los tres miembros del PSOE de Valverde del Camino, que han faltado al 53 por ciento de las citas. Diecisiete faltas han sumado los tres integrantes de IU, los zalameños Marcos García (6) y Vicente García (5) y el riotinteño Mariano Terán (6), cifra a la que se agregan las 23 ausencias de los dos vocales valverdeños de la coalición, Rogelio Borrego (sustituido después por el teniente alcalde Francisco Rodríguez Donaire) y María Dolores Romero. Los dos representantes del Grupo Independiente de Nerva (Giner), Domingo Domínguez y Carmelo Domínguez, no han intervenido en dos y tres sesiones de forma respectiva. 

Al margen de este caso de supuesta desidia política, también fue objeto de críticas la posición tomada por el presidente de la Mancomunidad y ya ex alcalde de Minas de Riotinto, el socialista José Manuel Delgado, ante el inicio, en diciembre de 2005, de un proceso de subastas de los terrenos embargados a la extinta compañía Minas de Río Tinto (MRT) S.A.L. Ante la oportunidad que suponía la posibilidad de recuperar esa superficie para solventar la carencia de suelo industrial que azota a la Cuenca Minera, resultaba incomprensible la no convocatoria por su parte del Consejo comarcal para el Desarrollo Social y Económico, solicitada con insistencia por alcaldes, sindicatos y empresarios. Al final, el asunto se zanjó con el compromiso por parte de la dirección provincial del PSOE de controlar las ineludibles ventas públicas para evitar que el patrimonio minero cayera en manos de especuladores sin proyectos de interés para la zona. 

La adjudicación del suministro del agua por parte del Ayuntamiento de Nerva (PSOE) a Aqualia a través de un concurso público, pese a tratarse de una competencia mancomunada, o la decisión del Consistorio de Zalamea la Real (IU) de solicitar un taller de empleo al margen del ente supramunicipal, encargado de la gestión de este servicio, constituyen otros ejemplos que avalan la tesis que señala la existencia de una exigua colaboración entre los pueblos mineros en pro de su bienestar socioeconómico. 

Las dos versiones de IU 

El contexto político inaugurado a partir de las elecciones municipales de 2003 en torno al pacto de progreso suscrito por PSOE e IU ha suscitado, en ocasiones, a lo largo del mandato que se aproxima a su fin, un verdadero dilema entre los representantes de la coalición izquierdista en la Mancomunidad de la Cuenca Minera. Una situación alimentada por las diferentes alianzas formalizadas tras los comicios de aquel 25 de mayo, cuando los socialistas de Valverde del Camino mantuvieron el gobierno de este municipio gracias a un acuerdo con IU, mientras que en Zalamea la Real, el izquierdista Marcos García, cuya lista fue menos votada que la del PSOE, era investido como alcalde merced al apoyo del edil del PP en el pleno de constitución de la nueva Corporación. Estas estrategias antitéticas han incidido de forma clara en el ente comarcal (al que el Consistorio valverdeño tiene transferidas las competencias en materia de agua) ante los puntos del orden del día que escapaban a la unanimidad propia de aquellos que eran llevados a las sesiones plenarias como meros trámites. Así, por ejemplo, el 19 de enero de 2005, a la hora de aprobar el incremento de las tasas de consumo de agua en respuesta a la subida del Índice de Precios de Consumo (IPC), los vocales de IU procedentes de la localidad andevaleña se abstuvieron después de que su portavoz, Francisco Rodríguez Donaire, aseverara que si hubiera sido necesario para su ratificación habría votado a favor. Sus compañeros de filas de Zalamea la Real, en cambio, se opusieron de forma tajante a la modificación de los precios.

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