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Pablo Pineda

El Campillo C.F. más local rueda

El Campillo C.F. más local rueda

El proyecto del técnico de la casa Francisco Javier Sánchez Rubio, plagado de cantera, arranca con un claro triunfo por 3-1 sobre el Calañas en el Trofeo de la Villa · Lilu, Fernando y Portu, los goleadores

EL CAMPILLO. El nuevo Campillo C.F. del entrenador de la casa Francisco Javier Sánchez Rubio, que afronta el reto del presente, ya sea en Regional Preferente, en la máxima categoría del fútbol onubense, o en Primera Provincial, que se impregna de futuro con los sólidos cimientos de un proyecto cien por cien salvocheano, echó a rodar el pasado sábado en el Francisco Valero Rojas con un claro triunfo por 3-1 ante el Calañas. Era el Trofeo del Día de la Villa, la presentación, y no desentonó. Los blanquiazules, plagados de juventud, con un equipo integrado casi en su totalidad por canteranos, con numerosos juveniles en sus filas, fueron superiores a su rival en todo momento. Lilu Gordillo (de penalti), el capitán Fernando Pineda y José Antonio Portu pusieron los goles que daban la vuelta a un tempranero tanto visitante en una cita en la que Manu Montero se erigió, desde la medular, en el director de una orquesta que dejó destellos de clase, de dulce sinfonía.

El juego era música, como también lo era una grada encantada por la presencia de un once (o dos, por la amplia cantidad de efectivos que tomaron parte en la partida) forjado en la tierra, formado en los escalafones de la nutrida Escuela Municipal de Fútbol Base de El Campillo. Las sensaciones eran positivas en la inauguración de la pretemporada, en el inicio de una campaña que se presupone difícil. La ilusión, el engranaje perfecto de un grupo que se conoce al milímetro, que combate junto desde la infancia, en el que cada uno de sus miembros es la prolongación del resto, las ganas de cambiar las cosas, de aprovechar esa oportunidad merecida (por calidad), que otrora era esquiva ante el aterrizaje de huestes forasteras, la garra de sentir los colores porque son los propios... son bazas innegables que pueden contrarrestar esa presunta desventaja de la inexperiencia.

Hubo toque y presión. Los pupilos de Francisco Javier Sánchez Rubio se desfondaron, se vaciaron sobre el césped artificial ante su público. Lo dieron todo. Y ganaron, para tornar el horizonte negro en gris, para empezar a aclararlo y dibujarlo de optimismo. Pese a que arrancaron cuesta arriba, como la larga pretemporada de incertidumbre que se vive desde que acabara la anterior, con un gol del Calañas en un lanzamiento de falta que sorprendió al meta Rupa, el primero de la terna de cancerberos que pisó el campo (le siguieron Germán y Manuel David). Tras el borrón, la literatura. Manu Montero y Jorge mandaban en el centro del campo; Lilu Gordillo desbordaba por su banda; el juvenil Patilla hacía lo propio por la suya; la zaga, con Fernando Pineda y Rachón en el eje y Asián y José Luis en los laterales, no pasaba apuros; Portu volvía loca a la defensa calañesa y Domingo recibía balones claros para abrir la cuenta local, lo acariciaba.

El empate no tardó, desde el punto de penalti, firmado por Lilu, el mismo que se cocinó la pena máxima con una internada en el área. Antes lo había rozado Jorge, con un centro envenenado que se estrelló en la cruceta. Los salvocheanos no soltaban el pie. Buscaban la victoria, la anhelaban, creían en ella. Tenían el esférico y, cuando lo perdían, lo recuperaban de inmediato. Pudieron caer más tantos, pero el marcador no se movería hasta pasado el descanso. El banquillo se movía y el listón seguía a la misma altura. El 2-1 llegaría en un córner, merced a un cabezazo inapelable del único veterano, del central, también de la casa, Fernando Pineda. El triunfo estaba encarrilado. Sólo faltaba la guinda, la confirmación, que se produciría con un fuerte derechazo de Portu desde fuera del área. El 3-1 era el latigazo definitivo. El Campillo C.F. levantaba la Copa y, lo más importante, se bañaba de esperanza, porque gustó y se gustó.

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