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Pablo Pineda

El Campillo

'El Corazón de la Tierra' devuelve a El Campillo a la tragedia del ‘año de los tiros’

EL CAMPILLO. Una mirada retrospectiva hacia el 4 de febrero de 1888 y las posteriores consecuencias de la que puede definirse como la mayor matanza indiscriminada de obreros perpetrada en la Cuenca Minera de Río Tinto llegó, el pasado fin de semana, a la pantalla del Teatro Municipal Atalaya con la película El Corazón de la Tierra, dirigida por Antonio Cuadri con el fin de trasladar al cine la novela del escritor Juan Cobos Wilkins.

 

Sin poder contener las lágrimas, al ver secuencias de imágenes similares a las que pudieron sufrir en sus propias carnes sus antepasados, familiares de generaciones anteriores, cientos de campilleros contemplaron, en silencio, muchas veces compungidos, un film basado en la historia del ‘año de los tiros’, en la noble lucha de unos mineros que, cansados del sometimiento a los dictámenes de la dirección de la Río Tinto Company Limited, se rebelaron contra los humos provocados por la terribles teleras en las que se calcinaba el cobre, al aire libre, con los deletéreos efectos que ello conllevaba para la salud respiratoria de los habitantes de la zona. Unos seres humanos que sucumbían ante un ambiente irrespirable que, en paralelo, también desembocaba en graves daños para las cosechas de los agricultores de la comarca.

Arranca la campaña en El Campillo con un PA madrugador

EL CAMPILLO. Arrancó la campaña electoral en El Campillo con la incógnita de quién será el sucesor del socialista Fernando Pineda en la Alcaldía minera, tras una retirada que pone fin a una trayectoria de 28 años como representante municipal, el mismo periodo que lleva vigente el actual sistema democrático que impera en el conjunto del país. Los distintos grupos, a excepción de un ‘desconocido’ PP, en cuya lista electoral no se encuentra ningún vecino campillero, abrían la veda de la lucha que finalizará con la cita con las urnas del próximo 27 de mayo mediante la pegada de carteles con las fotos y lemas de sus candidatos, Encarnación Palazuelo (PSOE), Francisco Javier Cuaresma (PA) y Álvaro Romero (IU). No obstante, fueron los andalucistas los más madrugadores, puesto que sus carteles comenzaron a formar parte de la fisonomía de la localidad, de sus calles, alrededor de las 19 horas del jueves 10 de mayo, cinco horas antes de la apertura oficial de la campaña electoral.

Todo está listo, los diferentes partidos empiezan la defensa de sus tesis y programas por el pueblo en busca de una victoria electoral en unos comicios municipales en los que, al menos en principio, parte con cierta ventaja la aspirante del PSOE, fruto de la tradición socialista del núcleo minero y de la experiencia adquirida tras ocho años como miembro del equipo de Gobierno, en el que a lo largo del último mandato ha ejercido las funciones de teniente alcalde. El objetivo que se marca, en este sentido, Encarnación Palazuelo pasa por mantener la mayoría absoluta, cifrada en seis ediles, ante el temor de un posible pacto entre PA e IU en el caso de que ningún grupo obtuviera más del cincuenta por ciento de los votos. Enfrente tendrá al andalucista Cuaresma, en cuyo favor juega su condición de ex presidente de la Hermandad de la Santa Cruz (con anterioridad, también formó parte de listas de IU hasta que en 2003 apareció en el segundo lugar de la candidatura del PA), y al izquierdista Romero, que, a sus 23 años, tendrá que eclipsar su inexperiencia con la ilusión propia de la juventud.

Nace ‘El Campillo, el gran desconocido’ para narrar la historia de un pueblo independiente

Nace ‘El Campillo, el gran desconocido’ para narrar la historia de un pueblo independiente

EL CAMPILLO. Una de las carencias que sufría el municipio campillero, en pro de la recuperación de su memoria y, en consecuencia, de los acontecimientos pasados que han marcado su devenir, quedó subsanada ayer con la presentación del libro El Campillo, el gran desconocido. Una publicación de Gilberto Hernández Vallecillo que narra la historia de la localidad desde sus orígenes hasta la actualidad. No obstante, un acento especial recae sobre el contexto y los movimientos que desembocaron en la culminación de su emancipación del pueblo matriz de Zalamea la Real, certificado el 22 de agosto de 1931 con la constitución, al calor de la recién instaurada Segunda República, del Ayuntamiento independiente de Salvochea.

 

De hecho, esta obra se enmarca en la conmemoración del 75 aniversario de aquel hecho que permitió a la población campillera liberarse, como exhibe el monumento levantado en la Plaza del Ayuntamiento, de las cadenas del caciquismo zalameño para construir su propio futuro. Con el fin de impulsar la difusión de la historia del municipio, el Consistorio ha distribuido por las casas que configuran su casco urbano, de forma gratuita, una tirada de alrededor de dos mil ejemplares, de modo que ninguno de sus habitantes quede al margen del libro de Hernández Vallecillo. Incluso, la expectación que ha suscitado la iniciativa hace plantear la posibilidad de encargar una segunda edición.

 

El autor, promotor también de la página web oficial de El Campillo, expresó durante el acto de presentación cómo el amor por su pueblo y el interés por dar a conocer episodios desconocidos para la mayoría de sus habitantes le adentraron en la aventura de la historia cuando su prejubilación como trabajador de la empresa minera llenó su vida de un tiempo libre que necesitaba ocupar. Fruto de ello, tras tres años de arduas labores de investigación en los diferentes archivos de la Cuenca Minera y de la capital ha nacido El Campillo, el gran desconocido.

El pueblo marcha junto a la Santa Cruz bajo el manto de un espíritu solidario

El pueblo marcha junto a la Santa Cruz bajo el manto de un espíritu solidario

EL CAMPILLO. Los rayos del sol emergían al alba, tras una madrugada de incertidumbre ante la amenaza de la lluvia, para alimentar, aún más, el fervor romero del pueblo campillero. Más de dos millares de personas que, no obstante, aunque las inclemencias meteorológicas trataran de minar su devoción, no dudarían, como tampoco lo hicieron en múltiples ocasiones anteriores, a la hora de emprender su camino junto a la Santa Cruz hacia la finca municipal ‘El Cura’. Las puertas y ventanas de cada una de las casas mineras se abrían al ritmo de sevillanas y sus moradores, embriagados por el esplendor, salían en masa a la calle, ataviados con la medalla de su hermandad.

 

La misa de romeros, oficiada por el párroco Mateo Pozo Castellanos, inauguraba un domingo especial, de un esplendor inusitado, la principal jornada de cultos a la Santa Cruz, el día grande de la romería campillera. Los gritos de “¡Viva la Cruz!” se expandían por cada recoveco del municipio. Y las carretas, aderezadas con farolillos, adelfas y cortinas de lunares, ya estaban listas, los jinetes montaban a sus caballos y los peregrinos portaban sus bastones y botellas de manzanilla.

 

Sones de cohetes y tamboriles marcaban, pasadas las 10 de la mañana, el instante de la partida, del éxodo de una población que, durante unas horas, convertiría al entramado urbano de El Campillo en un verdadero paisaje desértico, que lo sumiría en un vacío casi absoluto para dibujar sobre él la imagen de un pueblo fantasma. Miles de peregrinos, con cientos de campilleros emigrantes que, como cada año, volvían a la tierra que les vio nacer, unas sesenta carretas, medio centenar de carros guiados por mulos, y cientos de caballos se adentraban en Cuatro Vientos mientras se despedían de la rutina.

 

Entre brezo y jara acompañaba la multitud a un simpecado engalanado con ingentes cantidades de romero ofrendado por sus fieles a la Santa Cruz apenas un día antes, tras el primer camino celebrado el sábado y la posterior entrega en las puertas de la ermita. El camino es largo, aunque redentor. El cansancio acumulado hace mella entre los peregrinos, aunque queda oculto bajo sinceras sonrisas, los sonidos de las palmas y las sevillanas que brotan desde sus ya roncas gargantas.

 

La marcha, la evasión hacia la felicidad, prosigue bajo un espíritu solidario, entre máximos niveles de armonía, fraternidad y convivencia. Así, llega la hora de atravesar la ribera de Cachán, donde los noveles romeros reciben de sus compañeros de travesía el bautizo que les unirá de forma perpetua a la romería campillera. Unas gotas de ‘rebujito’ sobre sus cabellos, mientras posan sus rodillas en el suelo, dejan la perenne huella de su primer encuentro con la Santa Cruz de El Campillo.

  

El pueblo entero arriba a la finca ‘El Cura’, un lugar emblemático, el símbolo de la hermandad romera, con unas encinas y alcornoques que emergen un año más como testigos del tejido de lazos de amistad entre la totalidad de los campilleros. Cantes, sones de tamboriles, abrazos y bailes por sevillanas se erigen como las constantes a lo largo de toda la estancia en un campo puro, vacío de construcciones.

 

Pero las agujas del reloj no se detienen y, tras unas horas, marcan el instante del regreso, de la vuelta a casa. Con la tristeza propia de la despedida, aunque con la ilusión y la esperanza de la pronta llegada de un nuevo primer fin de semana de mayo, los peregrinos, caballos y carretas retornaban al casco urbano para, con una reverencia ante su Cruz y un último saludo a sus mayordomos, Francisco Javier Domínguez y Lourdes Sánchez, emprender el camino hacia lo cotidiano, hacia las tareas de cada día.

Esencias romeras de un pueblo peregrino

Esencias romeras de un pueblo peregrino

EL CAMPILLO. Últimos coletazos de una madrugada que llega a su fin, que expira ante los primeros rayos de sol que emergen de la nada con la llegada de la aurora. El alba acaricia con su cálido manto una jornada que anuncia un esplendor inusitado por cada recoveco del pueblo, emanado de unos habitantes que sólo abrigan un pensamiento en su mente, una esperanza, un anhelo: el reencuentro con la Santa Cruz y la fraternal peregrinación junto a ella hacia la finca ‘El Cura’. El silencio prevalece todavía en el casco urbano, apenas vulnerado por el sonido del viento que agita los restos que recuerdan la noche anterior. Comienzan a brotar sones de cohetes y tamboriles. Llegó el instante tantas veces soñado, las ventanas se abren al ritmo de sevillanas y el pueblo, flamenco, embriagado, sale a la calle.

 

La misa de romeros rinde pleitesía a la Santa Cruz, con gritos de “¡Viva!” que se expanden por los aires campilleros. Las carretas están listas, los jinetes montan sus caballos y los peregrinos portan sus bastones y botellas de manzanilla. Miles de personas salen del municipio, se adentran en Cuatro Vientos, con el fin de avanzar por la senda que les dirigirá a la finca ‘El Cura’ para, entre brezo y jara, manifestar su devoción por la Santa Cruz, engalanada con ingentes cantidades de romero ofrendado por sus fieles.

 

El camino es largo, aunque redentor. Los peregrinos no dan muestras de un cansancio que ocultan con la mejor de sus sonrisas, con la música de sus palmas y las sevillanas que brotan desde sus ya roncas gargantas. Prosiguen la marcha sumidos en un espíritu solidario, entre magnánimos niveles de hermandad, de armonía, inmersos en una evasión hacia la felicidad más absoluta, lejos de la incertidumbre de la vida cotidiana.

 

Llega la hora de atravesar la ribera de Cachán, donde los noveles romeros recibirán de sus compañeros de travesía el bautizo que les unirá para siempre a la romería campillera. Unas gotas de manzanilla sobre sus cabellos, mientras posan sus rodillas en el suelo, certificarán, dejarán la perenne huella de su primer encuentro con la Santa Cruz de El Campillo.

 

El pueblo entero arriba a la finca ‘El Cura’, un lugar emblemático, el símbolo de la convivencia romera, con unas encinas y alcornoques que emergen un año más como testigos del tejido de lazos de amistad entre la totalidad de los campilleros. Cantes, sones de tamboriles, abrazos y bailes por sevillanas, las constantes en un ambiente de máxima fraternidad.

Pero las agujas del reloj no se detienen. Tras unas horas marcan el instante del regreso, de la vuelta a casa, de la devolución de la Santa Cruz a su ermita. Con la tristeza propia de la despedida, aunque con la ilusión y la esperanza de la pronta llegada de un nuevo primer fin de semana de mayo, los peregrinos, caballos y carretas retornaban al casco urbano para, con una reverencia ante su Cruz, emprender el camino hacia la rutina, hacia las tareas de cada día.

El alcalde muestra su repulsa por la ‘desconocida’ lista electoral del PP

EL CAMPILLO. La que será, si la convocatoria de alguna sesión extraordinaria no lo impide, la última intervención del alcalde de El Campillo, Fernando Pineda (PSOE), en un Pleno del Ayuntamiento minero, debido a su decisión de abandonar la política municipal después de 28 años de dedicación, sirvió para que el dirigente socialista criticara la actitud del PP a nivel local y provincial. Pineda, tras felicitar a los candidatos de los diferentes grupos con representación en la actual Corporación, Encarnación Palazuelo (PSOE), Francisco Javier Cuaresma (PA) y Álvaro Romero (IU), mostró su más contundente rechazo a la lista electoral presentada por el PP en El Campillo, al considerar una “tomadura de pelo” el intento de participar en la vida municipal de un pueblo a través de personas que no conocen la realidad del mismo, ni los problemas que acucian a sus ciudadanos. De hecho, más de ochenta kilómetros de distancia física separan a los componentes de la candidatura popular encabezada por Rafael Bonilla de la localidad minera, ya que todos sus integrantes son habitantes de Palos de la Frontera. No obstante, la separación es recíproca, puesto que, según se respira en la calle, la ciudadanía campillera no conoce a ninguna de las personas que concurren a las elecciones del próximo 27 de mayo bajo las siglas del PP.

La cesión de suelo para VPO y el PGOU, ejes del último pleno

La cesión de suelo para VPO y el PGOU, ejes del último pleno

EL CAMPILLO. Extensa, aunque relajada, sesión plenaria en el Ayuntamiento de El Campillo para despedir un mandato que quedará cerrado a partir del próximo 27 de mayo. Hasta un total de diecisiete puntos fueron objeto de debate entre los distintos grupos políticos que configuran la Corporación municipal (PSOE, PA e IU). Entre ellos, por su especial trascendencia, destacó la decisión de ceder, de forma gratuita, una superficie de 1.663,32 metros cuadrados a la Empresa Pública de Suelo de Andalucía (EPSA), adscrita a la Consejería de Obras Públicas de la Administración autónoma, para la futura construcción de 25 viviendas protegidas; sin olvidar la aprobación del pliego de condiciones para la contratación, mediante procedimiento abierto, de los trabajos de consultoría y asistencia para la redacción del Plan General de Ordenación Urbana (PGOU). Un documento para cuya elaboración “sostenible” el alcalde, Fernando Pineda (PSOE), solicitó la participación y el consenso de la totalidad de los grupos políticos que configuren la próxima Corporación.

 

Vivienda y urbanismo fueron, de hecho, los ejes centrales del pleno, en la medida en que también se dio luz verde a la ansiada construcción de 40 VPOs, después de que se lograse llegar a un acuerdo con un vecino que se negaba a tapar una ventana orientada hacia la franja de suelo en la que se prevé la edificación de algunas de las casas. Para evitar litigios judiciales que retrasaran aún más el inicio de unas obras bloqueadas a pesar de que la licencia estaba en manos de la Junta de Andalucía desde diciembre de 2005, el Consistorio aceptó modificar el proyecto y dotar al afectado de un patio de 3,43 metros cuadrados que permita la entrada de luz y la ventilación de su hogar. 

 

Además, se ratificó la venta, a bajo precio, de suelo municipal a alguna entidad de carácter social estatal (tales como los sindicatos UGT o CC.OO.). El objetivo, la promoción de viviendas protegidas destinadas, en especial, al colectivo de jóvenes. Un acuerdo que estipula, en paralelo, que el adjudicatario edifique y gestione un centro de formación especializado en el sector de la hostelería en la parcela que constituye el patio de la antigua escuela infantil, ubicada en la calle Manuel Centeno.

 

De igual modo, también se procedió a la adjudicación de una VPO que había quedado vacía en la calle Pablo Picasso a María Domínguez Olivera, al mismo tiempo que se aprobó el listado de solicitudes del programa de ayudas de rehabilitación autonómica, con 16 admisiones y ninguna exclusión. Un número que hace presagiar que la Consejería de Obras Públicas concederá el total de las subvenciones, ante el compromiso existente por su parte de ampliar las 14 otorgadas a El Campillo en el ejercicio anterior.

 

En lo que se refiere al Programa de Fomento de Empleo Agrario (PFEA), el equipo de Gobierno dio cuenta al Pleno de su intención de ejecutar, a través de estas ayudas, la conversión de la antigua estación en un museo comarcal del ferrocarril minero, así como la urbanización de la trasera de la calle Benavente. La mejora del alumbrado público, con un presupuesto de 136.389 euros (de los cuales 60.000 euros serán aportados por la Junta de Andalucía; 52.329 euros, por la Diputación Provincial de Huelva; y 24.060 euros, por el Ayuntamiento de El Campillo), y la reforma de la plaza de la aldea de Traslasierra, con una inversión de 24.011 euros por parte del ente supramunicipal, fueron otros puntos que contaron con el respaldo de la Corporación.

 

OTROS PUNTOS 

Nuevas actividades económicas y promoción turística

 

La admisión del proyecto de ampliación del complejo rural ‘La caldera vieja’ con la inclusión de dos nuevos apartamentos, la concesión de la licencia de apertura de una freiduría en el mercado municipal o la permuta de terrenos entre el Consistorio y un vecino para agregar a las instalaciones del Teatro Municipal Atalaya un nuevo espacio que actúe como almacén y entrada de los artistas fueron otros asuntos abordados por el Pleno.

 

En última instancia, se ratificó por unanimidad la adhesión del Ayuntamiento campillero a la Asociación Interprovincial de Municipios para el Desarrollo de Turismo Sostenible de la Faja Pirítica, entidad compuesta por las comarcas de la Cuenca Minera onubense y del Corredor de la Plata sevillano que gestionará alrededor de 9 millones de euros para la dinamización turística de ambas zonas. De forma paralela, también se dio el visto bueno a la futura firma de un convenio con la Consejería de Agricultura y Pesca de la Junta de Andalucía que posibilitaría contar con la Empresa Pública Desarrollo Agrario y Pesquero como medio propio para la ejecución de obras en el municipio minero.

El Campillo se engalana para agasajar con romero a la Santa Cruz

EL CAMPILLO. Gritos de “¡Viva la Cruz!”, “¡Vivan los mayordomos!”, “!Viva El Campillo!” retumban, con aires de sevillana, por las calles del municipio minero, pronunciadas por unos habitantes dispuestos ya para emprender, bajo el abrigo de su devoción por la Santa Cruz, la peregrinación a la finca municipal ‘El Cura’. Un camino en busca de ingentes cantidades de romero que ofrendar en su ermita, tras el regreso al pueblo, a la Cruz que guía sus esperanzas y anhelos. 

Aunque el calor alcance cotas extremas o el frío hiele todo aquello que halle a su pertinaz paso, llueva o diluvie, los campilleros volverán a colocarse los botos, a montar en sus caballos o a subirse a sus carretas, engalanadas con adelfas y farolillos. Todo ello, para adentrarse en la senda de su amada romería, para dibujar un paisaje fantasma sobre las rúas del casco urbano y bajar de nuevo en masa por Cuatro Vientos, entre sones de tamboriles y tragos de rebujito. Son los días grandes de la celebración con mayor arraigo entre los habitantes de un municipio que, cada primer fin de semana de mayo, deja en el olvido su cotidianeidad para volcarse con la Santa Cruz.  

La senda está lista, espera a sus peregrinos, a los que abrigará el sábado y el domingo, a la ida y a la vuelta. Al igual que la ribera de Cachán, sobre cuyas aguas los antiguos romeros bautizarán con manzanilla a los noveles visitantes que ensucien sus botos por vez primera con el polvo del camino campillero. 

No obstante, antes de esos momentos álgidos, unos acontecimientos ineludibles. El primero, el nombramiento oficial, a partir de las 20 horas de hoy, de los nuevos mayordomos, un acto en el que Lourdes Sánchez Rubio y Francisco Javier Domínguez Díaz recogerán la vara que un año antes había sido portada con orgullo y emoción por Ricardo Pérez Delgado y María Ángeles Pérez Navarro. Y el segundo, a continuación, la tradicional ofrenda de flores a la Santa Cruz en su ermita, con una calle Granada colmada de fieles y con unos balcones aderezados como en las más magnánimas ocasiones. El baile de romería, con la orquesta ‘Renovación’, el broche de oro en la antesala de la primera peregrinación, que arrancará mañana desde la calle Constitución a partir de las 13 horas, tras la diana de cohetes y tamboriles que marcan la llegada del alba. 

Tras un día de camino, los miles de romeros que anegarán de fervor cada rincón campillero entrarán de nuevo en su pueblo, alrededor de las 21 horas, para trasladar su devoción a las distintas calles del entramado urbano de El Campillo mediante el rezo del santo rosario.

Con la venida del nuevo día, el domingo, la jornada del año en el que las campilleras lucen su belleza con mayor esplendor y los campilleros muestran su más sincera sonrisa, unidos bajo la solidaridad y la amistad verdadera, el pueblo entero partirá por última vez a la finca ‘El Cura’, a las 10.15 horas, después de la misa de romeros oficiada por el párroco Mateo Pozo Castellanos y cantada por el coro parroquial. Un acto religioso acompañado por los sones de la escuela de tamborileros de la Hermandad del Rocío de Almonte. 

Al atardecer, cuando el ocaso acaricie el cielo para empezar a ocultar los rayos del sol, una salva de cohetes anunciará la hora del retorno a casa, el cuarto de los trayectos por una senda de brezos, jaras y adelfas en el que a los más veteranos romeros se les presentará la última posibilidad de bautizar sobre las aguas de la ribera de Cachán a quienes experimenten por vez primera las puras y majestuosas sensaciones, la esencia, de la romería de la Santa Cruz de El Campillo.