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Pablo Pineda

Opinión

Comunicado de la Plataforma Por la Apertura de la Mina

La Plataforma por la Apertura de la Mina demanda a la Junta de Andalucía y a Emed Tartessus la máxima celeridad para la puesta en marcha de la explotación minera.

Desde la Plataforma por la Apertura de la Mina, queremos reivindicar la importancia de esta Plataforma como foro de discusión y acuerdos para que Junta de Andalucía y la empresa Emed Tartessus consigan la reapertura de Minas de Riotinto en el menor plazo posible.

Hacemos hincapié en que este es el método, y no los comunicados sin sentido que en ocasiones se envía a los medios, de aquellos que quieren aprovechar la coyuntura para la consecución de sus intereses.

Por ello, insistiendo en este objetivo, en estos momentos en que Junta de Andalucía y Emed nos han transmitido que están trabajando en buena sintonía en cuanto a los requisitos del proyecto, les pedimos a ambos que afronten las discrepancias con la mejor de las disposiciones y llegar a acuerdos con la celeridad que demanda la critica situación social de la Cuenca Minera de Riotinto.

Es por todo ello que desde la Plataforma por la Apertura de la Mina demandamos a Junta de Andalucía:

Que una vez que Emed Tartessus ha presentado la solicitud de la Autorización Ambiental Unificada (AAU), esta sea resuelta en el menor plazo posible (ya que entendemos que es un proyecto que ha sido estudiado, negociado y consensuado entre la empresa y la Junta de Andalucía).

Que los plazos legales de exposición, recepción de alegaciones y resolución de las mismas para la aprobación de la AAU no sean superiores a 3 ó 4 meses (ya que así se puede deducir de la normativa en esta materia).

Que cree una “ventanilla única” y/o la figura del “coordinador de Minería” que centralice, gestione y agilice todo lo concerniente a los proyectos mineros.

Que pida y haga todo lo posible ante los Ministerios correspondientes, para que los informes solicitados a Igme y Cedex , sean resueltos en el mínimo tiempo posible.

Por otro lado, desde la Plataforma por la Apertura de la Mina demandamos a Emed Tartessus:

Que en el caso que en la fase de resolución del proyecto, la Junta de Andalucía requiera información a Emed Tartessus, esta le sea facilitada de forma inmediata.

También demandamos de Emed Tartessus que en el momento que entienda que el proyecto está consolidado y sea una realidad a corto plazo, se solicite y comience de inmediato los cursos de formación que la administración tiene previstos. Y además se comience la fase preparatoria de las instalaciones para agilizar su puesta en servicio.

Por último desde la Plataforma por la Apertura de la Mina demandamos a Junta de Andalucía y a Emed Tartesus:

Que continúen y demuestren la buena sintonía que en sendas reuniones ambos, Junta y empresa, han expresado a esta plataforma.

No comprenderíamos que ninguna de las partes retrasase el proceso de apertura de la mina, ya que si eso sucediera, estarían dando a entender que pueden tener otros oscuros intereses.

Un retraso mayor en la apertura de la explotación minera acabaría con la paciencia de toda una comarca y la voluntad de entendimiento y colaboración que hasta ahora los integrantes de esta Plataforma hemos demostrado.

Fdo.- Alcaldes de los Ayuntamientos de Berrocal, El Campillo, Campofrío, La Granada de Riotinto, Minas de Riotinto, Nerva y Zalamea la Real; Representantes de los sindicatos CCOO y UGT y de 5 Organizaciones Empresariales de la comarca.

Manifiesto Socialista de la Cuenca Minera

La totalidad de las Agrupaciones Socialistas de la Cuenca Minera, recogiendo el sentir de nuestros pueblos y solidarizados con las enormes dificultades por las que atraviesa la gente de nuestra tierra, manifiesta con la máxima contundencia que nuestro objetivo prioritario e irrenunciable ante la situación socioeconómica que sufre nuestra comarca es la apertura de las Minas de Riotinto en el tiempo más inmediato posible.

De igual modo, los socialistas de la Cuenca Minera, fruto del compromiso que nos empujó a formar parte de un partido con más de 130 años de lucha justa y solidaria en favor de los derechos de los trabajadores y las clases sociales más necesitadas, exigimos a la Junta de Andalucía, así como al Gobierno Central, decisiones políticas valientes al más alto nivel que velen por la celeridad del proceso y su rápida resolución. La solidaridad demostrada por esta tierra durante décadas tras haberse erigido, con su esfuerzo y sacrificio, en motor económico de nuestra provincia, nuestra región y nuestro país, legitima con creces la urgencia de nuestras reivindicaciones.

Igualmente, los socialistas de la Cuenca Minera manifestamos también que no consentiremos el incumplimiento de ningún requisito legal por parte de la empresa promotora del proyecto, porque, insistimos, no vamos a permitir que posibles intereses especulativos lleven a nuestra tierra a recaer en los mismos errores del pasado, errores que hipotecaron el desarrollo social y económico de nuestra comarca, conduciéndonos a la insostenible situación y al sufrimiento que azotan hoy a miles de personas en nuestra tierra.

Persistimos, al mismo tiempo, en nuestro convencimiento de que, si bien la urgente reapertura de la mina se presenta como la solución más inmediata al contexto sociolaboral actual de la Cuenca, en el futuro debe convertirse en uno más de los pilares del profundo proceso de reindustrialización que requiere nuestra comarca. Un proceso que debe venir de la mano de las infraestructuras comprometidas por la Junta de Andalucía y el Gobierno Central, y en el que también tiene que participar e invertir la empresa que explote y se beneficie de nuestra riqueza endógena.

En consecuencia, los socialistas exigimos a Emed Tartessus, como prueba de su manifestado compromiso con esta comarca, que agilice al máximo los trámites administrativos que la Junta de Andalucía le requiere en cumplimiento de la normativa que ha de satisfacer cualquier empresa que pretenda iniciar una actividad minera. Lo contrario sólo contribuiría a alimentar dudas sobre sus intenciones de explotar la mina y crear empleo y riqueza en nuestra tierra.

 

En la Cuenca Minera de Río Tinto, a 14 de febrero de 2012

¿Tiene arreglo el PSOE?

Por Carlos M. NAVARRETE MERINO, ex secretario general del PSOE de Huelva

I. LA TENDENCIA AUTODESTRUCTIVA EN CURSO OBLIGA A UNA INMEDIATA REFORMULACIÓN DE LOS OBJETIVOS ACTUALES DEL SOCIALISMO DEMOCRÁTICO

Los resultados obtenidos por el Partido Socialista Obrero Español en las últimas elecciones generales, con la pérdida de unos quince puntos y de unos cuatro millones de votos sobre los anteriores comicios del mismo signo, no hacen sino confirmar dramáticamente la tendencia que ya apuntó en las pasadas elecciones autonómicas y locales: una gran parte de su electorado, la que le ha dado en otras ocasiones la mayoría, absoluta o simple, huye espantada de la obra del gobierno socialista a partir del cambio que se produce en mayo de 2010, cuando Rodríguez Zapatero, en una supuesta actitud suprapartidaria y patriótica, da un giro copernicano a su política convirtiéndose en el aventajado alumno de la derechizada y errónea política anticrisis de la Unión Europea. Digamos que una transformación tan sorpresiva y vehemente requería por lo menos que se diese a los españoles una cumplida explicación que, todavía hoy, se encuentra pendiente.

Este cambio no es suprapartidario, sino contrapartidario; y no es patriótico, sino antipatriótico, porque contradice a las razones objetivas que fundamentan la existencia de este partido, la lucha contra las desigualdades sociales que las políticas anticrisis europeas no han hecho sino exacerbar, en perjuicio de los sectores más modestos de la sociedad, que constituyen el electorado natural del PSOE, al tiempo que han dañado muy gravemente a la totalidad de la población, si excluimos a las elites económicas que tanto han prosperado en estos tiempos revueltos.

Cabía una explicación: En esta Europa en estado constituyente que participa de la globalización económica, estamos obligados a pertenecer a esta Unión y a acatar los mandatos de unas instituciones gobernadas hegemónicamente por la derecha; pero, no tenemos por qué, asumiendo las opiniones mayoritarias, cejar en la defensa de las que además de ser las propias no incrementan el desempleo, no ponen en peligro la protección social y los elementos esenciales del Estado de Bienestar y no amenazan con llevarse en el viento huracanado de las medidas propuestas, reiteradamente fracasadas, el porvenir de muchos europeos durante las próximas décadas, la moneda de Europa, la arquitectura europea y la credibilidad de unos políticos que cada día prometen nuevas soluciones-milagro para remediar los males que nos afligen y que no producen sino el efecto de agravarlos.

Las medidas que deberían haber complementado a las acordadas por la U.E., básicamente, podrían haber consistido en equilibrar los gastos con una política redistributiva financiada con ingresos públicos, obtenidos por medio de impuestos directos de carácter progresivo, lo que es perfectamente compatible con una gradual reducción del déficit presupuestario.

Lejos de ello, ya puesto en convertirse en “el primero de la clase”, Rodríguez Zapatero se embarca sin mayores aclaraciones en una prematura reforma exprés de la Constitución, en una participación destacada dentro de lo que ha ido quedando de “la guerra de las galaxias” -las instalaciones antimisiles de Rota-, indulta a un banquero estafador y confía a la familia de Franco y a la Iglesia Católica el poder dirimir el destino final de los restos del Dictador. Todo ello pone de manifiesto el desmoronamiento ideológico que aqueja a Rodríguez Zapatero desde la primavera de 2010 incluyendo en ese desastre no haber entendido en absoluto el mensaje de las urnas.

Le queda ahora a su partido la dura tarea de iniciar, desde la oposición en que se encuentra dentro de la mayoría de las instituciones en que obtuvo representación, un nuevo camino que corrija los grandes defectos que le aquejan y que no son solo los que la derrota electoral y la gestión de la crisis han hecho más visibles. En paralelo, el partido debe contribuir a alumbrar una alternativa distinta a la conservadora para resolver los gravísimos problemas que esta crisis está generando.

Uno de los obstáculos con que el socialismo se va a encontrar, en el caso de que los futuros dirigentes se dispusieran a cambiar de ruta, es recobrar la credibilidad perdida y, con ella, que arraigue en la sociedad española la cultura política de que, salvo fuerza mayor, los partidos deben cumplir los compromisos electorales en las instituciones que gobiernen.

 

II. RECUPERAR AL PSOE PARA PODER REALIZAR UNA POLÍTICA SOCIALISTA

El PSOE tiene en la actualidad, al igual que la mayoría de los partidos, una estructura leninista, es decir, jerarquizada desde la cúpula hasta la base, sin que en el conjunto de ella exista una verdadera división de poderes. De este modo puede afirmarse que los partidos, en nuestro país, cumplen de una manera bastante exigua el artículo 6 de nuestra Constitución.

Los órganos deliberantes son manifiestamente mejorables. Es cierto que se respeta la libertad de expresión, pero el afiliado que se pronuncia críticamente, a diferencia del que lo hace adulando a los que mandan, muy posiblemente será objeto de acoso y represalias. Se manipulan los censos a voluntad de la cúpula, se anulan Asambleas y Congresos, cuando se cuestiona a los “jefes”, se envían comisarios políticos para representar el doble papel de juez y parte en las sesiones de asambleas y congresos conflictivas, se nombran gestoras cuando la voluntad mayoritaria no gusta a la cúpula, se ofrecen ventajas a los que se alinean con el oficialismo y, en general, los secretarios de Organización a todos los niveles son los encargados de materializar esta sucia intendencia aplicando las resoluciones, Estatutos y Reglamentos a la medida de lo que conviene a la línea oficial.

Las Comisiones de Conflictos, que con ese u otro nombre constituyen el órgano judicial de los Partidos, aunque ocasionalmente puedan ser elegidas en los Congresos, están siempre en la onda del órgano de dirección siendo un alter ego del mismo y, por tanto, representa una cómica parodia de lo que debiera ser una justicia independiente que garantizase los derechos y obligaciones de los militantes.

Por fin, la dirección efectiva y la política real no la marcan los órganos deliberantes, sino lo que en el PSOE se llama la Comisión Ejecutiva, que desde hace años viene aumentando el número de sus miembros para convertirse, no en el órgano ejecutor de las decisiones adoptadas en los órganos deliberantes, sino en el órgano que dirige la red clientelar interna, adoptándose las más importantes decisiones por la llamada “camilla”, un colectivo informal y reducido, a menudo convertido en mera pared de frontón para que el Gran Jefe no se equivoque demasiado, de modo que, parafraseando a Fernando Claudín –“La Dictadura del Proletariado en los países comunistas se convirtió en la Dictadura del Secretariado”–, puede decirse que en los partidos supuestamente democráticos, la voluntad de la mayoría está suplantada por la voluntad de la Secretaría General o cargo equivalente.

Esta asfixia de la democracia es lo primero que hay que restaurar dentro del partido para que fluya la savia por el tronco y para que el propio partido pueda contribuir a depurar las corruptelas existentes en la división de poderes a escala estatal.

Un segundo ámbito a recuperar es el de la actividad política que no tiene por qué limitarse a la que se desarrolla dentro del partido. Importa que los ciudadanos entiendan que la dimensión colectiva que tiene nuestra existencia obliga a plantearse ésta no solo como una larga marcha hacia la realización individual, sino también como la tarea que a todos incumbe de organizar del mejor modo la convivencia social. La ejemplaridad cívica en nuestros ámbitos vitales es exigible a todos y muy especialmente a quienes hemos optado por afiliarnos al PSOE. A menudo se habla de la “legítima ambición política”. A mi esta ambición, corrientemente confundida con la concupiscencia de los cargos y poderes, siempre me ha parecido ilegítima y perversa. La verdadera actividad legítima no es de poder, sino de servicio y, así entendida, debería de ser el elemento decisivo para la proposición de candidatos tanto a cargos públicos como orgánicos.

Por lo demás, este activismo puede desarrollarse tanto dentro como fuera del partido, trabajando en grupos que analicen y formen opinión y criterio sobre todos aquellos problemas que nos rebasan como personas singulares.

Las Casas del Pueblo deben tender a ser lo que su nombre indica, locales a disposición de los ciudadanos que converjan con los intereses que el partido defiende y desde los que se imparta una educación en valores constitucionales y éticos y, dentro de ambos, una formación específica en los de la solidaridad y el socialismo.

Sin perjuicio del inevitable trabajo orgánico y burocrático se deben planificar programas que hagan atractiva la participación política. En ellos deben incluirse conferencias de personas con conocimientos significativos de la realidad social, incluyendo en condiciones de reciprocidad a personas de otras organizaciones políticas, en la perspectiva del apoyo común a una Constitución que a todos nos concierne y redimiendo el debate político del carácter barriobajero en que con tanta frecuencia incurre.

Las Comisiones de Listas están esencialmente pensadas para atenuar el componente democrático con la intervención de los órganos superiores en la confirmación o modificación de las candidaturas. Deben dejar de realizar tan funesta función. Sus integrantes han de ser personas de acreditada moralidad y su función ha de reconducirse a evaluar la actividad política de los elegibles, procurando que dentro de ellas estén representados los sectores que se consideran prioritarios para el partido, siendo una pieza más en la estrategia de la lucha contra la corrupción.

La presencia de esta última en las actividades humanas, especialmente –aunque no solo en ellas– en las que tienen que ver con el ejercicio del poder y el manejo de caudales públicos es tan inevitable como la del delito, con el que a menudo se confunde. Por eso el estado, la sociedad en su conjunto y los partidos están obligados a prevenirla en lo posible y reprimirla con rapidez y ejemplaridad. Una parte importante de la actividad partidaria debe orientarse en esa dirección utilizando medios técnicos adecuados, como la exigencia de transparencia y auditorías externas decididas de modo aleatorio.

El PSOE debe de tomar la iniciativa de proponer a las demás fuerzas políticas un pacto contra la corrupción y en el que, con independencia de las responsabilidades exigibles judicialmente, se establezca la responsabilidad política por culpa “in vigilando” o “in eligendo”.

Las fronteras entre las grandes empresas, las asociaciones religiosas y otros grupos de intereses y el espacio del partido deben de blindarse mediante un sistema de incompatibilidades, siendo una de las más urgentes la que debería existir entre el estatus de Expresidente del Gobierno y la prestación de servicios retribuidos a las empresas privadas.

 

III. UN PARTIDO EN LA ESCALA DE LOS PROBLEMAS A RESOLVER

La globalización requiere de actuaciones políticas también globales.

Antes incluso de que la economía global se convirtiese en un término comúnmente aceptado, se venía observando que fenómenos como el cambio climático, la existencia de determinadas enfermedades infecciosas, el aumento de la delincuencia organizada y del terrorismo internacional, la falsificación de moneda, la trata de blancas, los atentados contra los derechos humanos y otras muchas actividades de escala supraestatal exigían de los partidos que su actuación rebasara el marco nacional.

La izquierda lo entendió antes que otros y su evolución discurre paralela a la de las sucesivas internacionales, quedando actualmente en pie la Internacional Socialista una vez desaparecidas las Internacionales anarquistas (A.I.T.) y comunistas (III y IV).

El PSOE debe asumir la responsabilidad de actualizar su obsoleto funcionamiento, creando ponencias para el tratamiento de los problemas sociales de mayor interés, y promoviendo acuerdos, al menos de mínimos, adoptados mediante procedimientos democráticos.

Desde nuestra Internacional debe contribuirse a hacer de las Naciones Unidas una organización más eficaz y representativa.

Hay que reconocer el esfuerzo realizado en España para adaptar la estructura del partido a la del Estado de las Autonomías. Resta que se siga el mismo criterio en lo que concierne a la Unión Europea. Por supuesto que estamos a favor de la existencia del Grupo Socialista del Parlamentario Europeo, pero no basta con eso. Los partidos socialistas europeos que voluntariamente lo decidan deben hacer una cesión parcial de sus atribuciones estatales a favor de una nueva estructura federal socialista europea.

Queremos más Europa pero no creemos en una Europa que se está inclinando alarmantemente del lado de los poderosos y de los fanatismos insolidarios y populistas. Si no se altera pronto el actual centro de gravedad, la xenofobia y el racismo prepararán el advenimiento de dictaduras fascistas.

La luz de la cooperación y colaboración tiene que alumbrar al menos con la misma fuerza que la de la competencia. Las fronteras nacionales y aún las de la misma Unión Europea no pueden servir de excusa para dejar de entender que ante la enfermedad, el hambre, la privación de las libertades esenciales, de los servicios públicos indispensables y en definitiva, ante las más catastróficas formas del dolor humano, todas las personas somos iguales, cualquiera que sea nuestra pertenencia continental, nacional o étnica.

Los estados miembros de la U.E. no pueden ser el moderno Zeus que rapte de nuevo a Europa. En estos días estamos contemplando como determinados gobiernos, muy destacadamente el alemán y el francés, tratan de imponer en la Unión su directorio y hegemonía, así como aquellas políticas que más podrían beneficiar a sus expectativas electorales aunque supongan una devaluación del espíritu comunitario.

Las autoridades estatales deben estar subordinadas en el marco de la Unión a las autoridades europeas si no queremos que Europa sea una simple confederación dirigida de un modo meramente simbólico por autoridades supraestatales sometidas, en la práctica, a las de los estados más poderosos de la U.E. o a los arrebatos hipernacionalistas que a veces hacen un uso abusivo del poder de ratificación de sus parlamentos estatales, de las reglas de la unanimidad o del veto de los tribunales constitucionales propios de cada país.

En este sentido nos parece penoso que los esfuerzos del gobierno del PP se dirijan no a avanzar en el supranacionalismo sino a pedir servilmente un lugar en el directorio “Merkozy”.

Son esas nuestras condiciones para liderar un proceso de integración y armonización de las instituciones europeas y de sus programas de actuación. A la Europa que deseamos no le debe quedar otra opción que la del desarrollo del europeísmo hacia dentro y hacia fuera, combinando inteligentemente sus capacidades de acogida con la ayuda exterior a los pueblos más depauperados, entendidas no sólo en la dimensión económica sino también en la cultural y democratizadora.

La deconstrucción del Estado de Bienestar europeo que tan cuidadosamente están llevando a cabo los llamados mercados, en estrecha complicidad con sus aliados políticos, con los sumideros tributarios de los paraísos fiscales –algunos de los cuales se encuentran dentro de la propia Unión y del Espacio Económico Europeo– y con las prácticas bursátiles especulativas, exigen de los partidos socialistas una actuación condenatoria y persecutoria, decidida y constante.

Un sistema impositivo progresivo edificado desde la perspectiva de la imposición directa, no solo sobre la inequitativa imposición indirecta y completado con una tasa sobre las transacciones financieras y la responsabilidad tanto individual como solidaria de los países miembros son elementos fundamentales, entre otros, para diseñar la Europa Social a la que aspiran la mayoría de los europeos.

Creemos firmemente que el Capitalismo, a fuerza de ser codicioso se está autodestruyendo.

El cambio de orientación que propugnamos, además de ser éticamente exigible, redistribuirá la riqueza, aumentará la capacidad económica de las personas y garantizará la senda de un crecimiento sostenido.

 

IV. EL PARO Y LA CRISIS: CUANDO LAS PALABRAS SE PERVIERTEN

La economía española está enferma de paro. El síntoma de esta dolencia es su desmesura.

Cuando nos alcanza el ciclo de la prosperidad nuestra economía es capaz de generar nuevos empleos en cantidades que sobrepasan a los que crean los países que constituyen nuestro entorno. Hay que añadir que a pesar de ello el paro se mantiene en esos momentos en España en tasas que en otros países, incluso en fases recesivas, se consideran alarmantes. Así viene ocurriendo desde que se instauró la democracia por no referirnos a épocas anteriores.

Cuando atravesamos un ciclo de dificultades económicas nos convertimos en un país con cifras de desempleo propias del tercer mundo, que es, crónicamente, la situación en que permanecen determinadas comunidades autónomas como Andalucía, Canarias, Extremadura y otras, así como determinadas comarcas nacionales.

El problema ha sido abordado siempre desde el cada vez más insoportable abaratamiento y deterioro de las relaciones laborales reduciendo el número de trabajadores con la condición de fijos, aumentando el de los temporales hasta doblar al del país que nos sigue en precariedad dentro de nuestro entorno, facilitando el despido e insistiendo en la flexibilización de los trabajadores.

Todo hace presagiar que estamos ahora ante una cautelosa ofensiva contra el sindicalismo y contra la negociación colectiva que se desarrolla en el ámbito más proclive a dicho sindicalismo.

¿Qué más flexibilización necesitan los que no quieren mirar a la que representan más de cinco millones de parados y más de dos terceras partes de la población ocupada en condiciones de precariedad?

¿Cuántas nuevas fragilizaciones de esas arruinadas relaciones de trabajo se van a continuar introduciendo, con la cínica justificación de que, con ellas, se va a lograr la erradicación del paro?

Los hechos son contundentes: el paro se mantiene en tasas intolerables cualesquiera que sean las circunstancias del ciclo y cualesquiera que sean los tipos de medidas que se han venido imponiendo como garantía de una recuperación razonable del empleo.

Un nuevo tratamiento del problema se impone: hay que empezar por crear puestos de trabajo de calidad e ir gradualmente transformando en esa dirección los que no lo son. Hay que introducir el “nuevo modelo productivo”, prometido durante la penúltima campaña electoral que finalmente se ha convertido en humo.

No es condición suficiente la calificación de los trabajadores; la prueba de esta insuficiencia es la cantidad de personas con titulaciones elevadas que se encuentran en situación de desempleo de larga duración. A quienes habría que mandar a recalificarse es a los que teniendo competencias en conexión con el empleo se muestran incapaces de encontrar nichos de empleo o de utilizar técnicas distintas a las de las manidas amputaciones de los derechos laborales.

Hay que indagar, y creemos que existen estudios bastante avanzados sobre esta cuestión, desde que el socialista Jacques Delors se interesó por crear nuevos puestos de trabajo, sobre las necesidades insatisfechas o mal resueltas, aumentando las inversiones en I+D+i, fomentando la creación y explotación de patentes, así como la incorporación de nuevos valores añadidos a los productos clásicos de nuestro país que deben complementarse con una nueva gama de artículos que hasta ahora se han venido elaborando fuera de nuestras fronteras. En este sentido tenemos mucho que aprender del inicio de los procesos industrializadores de la India, Japón o Corea del Sur, entre otros.

Paradójicamente, muchos empleos podrían crearse diseñando recorridos de reinserción, valiéndose de los propios parados para efectuar tareas sociales desatendidas y reduciendo la hemorragia del gasto público que representa una ingente cifra de desempleados víctimas de una errónea manera de abordar el tema el paro.

Una de esas tareas tiene que ser la concepción del servicio de empleo como un servicio público unitario o al menos estrechamente coordinado, incluyendo las características personales y profesionales así como las preferencias laborales de cada desempleado, extendiéndose este registro desde el ámbito europeo hasta el nivel municipal y creándose un censo, hoy por hoy inexistente, de empresas y puestos de trabajo permanentemente actualizado y en el que se reflejara, también con sus correspondientes características, los que momentáneamente estuvieran vacantes en todo el territorio de la Unión Europea de manera que fuera posible el cruce de los datos del desempleado con los puestos de trabajo disponibles.

Para minimizar la economía sumergida es preciso que los inspectores que tienen competencias para controlar y reprimir a aquella, pudieran levantar actas donde se hicieran constar las causas a que la inmersión responde y en su caso instar a realizar las oportunas modificaciones normativas cuando se constatase que las disposiciones reguladoras son defectuosas.

Si las medidas que se han ido estableciendo para crear empleo han estimulado su reducción, otro tanto sucede con las directrices europeas para superar la delicada situación de la economía europea; y ello a pesar de que desde hace tiempo economistas de la talla de Paul Krugman o Joseph Stiglitz venían advirtiendo de que nos iban a llevar a la recesión, pues no es el déficit o el endeudamiento la causa de la reducción de la actividad, sino al revés; y no es la austeridad y la reducción indiscriminada del gasto lo que prepara la plataforma para el despegue, sino el aumento de la fiscalidad sobre las grandes fortunas y el incremento de las inversiones, por lo que hay que castigar impositivamente a las personas y empresas que no inviertan e incentivar fiscalmente a las que inviertan.

Hay que terminar cuanto antes con el liderazgo europeo de la señora Merkel, quien, tras la reciente rebaja crediticia a nueve países de la eurozona, se ha reafirmado en la política que viene defendiendo y que, como ha dicho el mencionado Krugman, “conduce a los países de la eurozona por una carretera sin rumbo, cuesta abajo y a toda velocidad”.

En definitiva, la manipulación de los dos grandes problemas que tenemos, el paro y la crisis, se asemejan a la persona que se agita y patalea sobre arenas movedizas: cuanto más se mueve, más se hunde.

 

CONCLUSIONES

Las organizaciones políticas son, en ciertos aspectos, parecidas a las personas naturales. Nacen, crecen, pasan por momentos de plenitud y de declive hasta que un día ya no pueden curarse de la enfermedad terminal que padecen y acaban por desaparecer. Estoy entre los muchos que pensamos que el socialismo español puede estar a punto de concluir el último tramo de su recorrido.

Desde su fundación en 1879, el PSOE ha sido una parte viva de la historia de España, de manera que su desaparición dejaría mutilada nuestra historia.

A fin de cuentas, eso sería lo menos grave, pues este partido no ha caído del cielo, ni es el invento de nadie en particular. El socialismo surge del requerimiento de una mayoría social, acosada por las injusticias que ocasionó la primera revolución industrial. A partir de ahí fue adquiriendo carta de naturaleza como instrumento al servicio de los más débiles, de redistribución de la riqueza y de afianzamiento de la estructuras democráticas al entender que no es posible la justicia sin libertad ni la libertad sin justicia.

Con mucha frecuencia la interacción entre la historia de España y la biografía del socialismo ha sido tan intensa que el color de la piel de España ha sido el color de la epidermis del socialismo.

Ahora el socialismo, como el pueblo que contempla nuestra alucinante circunstancia económica, se muestra estupefacto, perplejo, acobardado e impotente. Poco a poco se ha dejado invadir por unas moléculas que no corresponden a su propia anatomía y ha ido perdiendo su identidad hasta el extremo de que podría decirse del PSOE, parafraseando a Goethe, que es un cuerpo irredento que busca su alma.

Hemos llegado a un punto en el que el socialismo tiene miedo de todo, de la banca y de las empresas energéticas, de la Iglesia Católica y de Angela Merkel, de la derecha y de sus propios demonios interiores.

No corresponde ahora destacar las importantísimas aportaciones que el socialismo ha hecho a las condiciones de vida de los españoles desde la reconstrucción de nuestra vida democrática. Todo ha sido emborronado por el último año del gobierno de Rodríguez Zapatero con el que me sentí solidario durante sus anteriores años de mandato.

Con ser grave para los socialistas el momento al que hemos llegado, más grave aún sería la situación a la que llegaría la sociedad española, al perder un valedor que hoy por hoy no tiene sustituto posible, en unos casos, porque su nacionalismo, al margen de otras consideraciones, les ubica a contracorriente de la historia y, en otros, porque se han acostumbrado a la fachada de las denominaciones rimbombantes y acumulativas, a un consignismo infantil y a un canibalismo político que les lleva a la destrucción de sus mejores militantes.

Tengo la sensación de que el mundo se ha precipitado en el caos, el caos que siempre precede a la aparición de algo nuevo. El mundo, como el propio partido socialista, si no desaparecen en el empeño, ha entrado en fase constituyente. A ella trato de contribuir con estas reflexiones que deseo que formen parte de un debate clarificador y constructivo.

El miedo como arma política

El escritor alemán Nemeitz publicó en 1718 un libro sobre París con “instrucciones fieles para los viajeros de condición”. Uno de sus consejos es el siguiente: “No aconsejo a nadie que ande por la ciudad en medio de la negra noche. Porque, aunque la ronda o la guardia de a caballo patrulle por todo París para impedir los desórdenes, hay muchas cosas que no ve…" (...) Nuestros temores, nuestras pesadillas, tienen siempre una carga histórica y contextual y han sido siempre un arma política de primer orden.

(...) En los últimos años, la crisis económica ha ayudado a los asustadores profesionales a amedrentarnos hasta la parálisis, infundiendo un temor abstracto a los otros, a los extranjeros, al gasto público, al terrorismo y la inseguridad. Naomi Klein nos recuerda en La doctrina del shock que, para los pensadores neoliberales, toda crisis (real o percibida) es una oportunidad para aplicar sus políticas de ajuste. Paralizados por nuestras pesadillas, damos por bueno lo que en otras circunstancias nos resultaría inaceptable. Atemorizados, nos convertimos en personas individualistas, mucho más manipulables porque dividiendo es más fácil convencer. Olvidamos ayudar a los demás y nos quedamos solos convirtiéndonos en individuos mucho más vulnerables.

Al igual que el texto proponía a los ciudadanos no salir de casa, los gobernantes actuales nos aconsejan sumisión. Nos quieren divididos, aplicando la estrategia de “sálvese quien pueda”, centrados en lo que nos diferencia y olvidando lo que nos une, dispuestos a renunciar a elementos clave de nuestra libertad en pro de la ansiada seguridad.

(...) Ya no tratan de ilusionarnos con grandes utopías: sólo se postulan para salvarnos de nuestros temores. En palabras de Eduardo Galeano: “Los que trabajan tienen miedo de perder el trabajo. Los que no trabajan tienen miedo de no encontrar nunca trabajo. Quien no tiene miedo al hambre, tiene miedo a la comida… Miedo a la puerta sin cerradura, al tiempo sin relojes, al niño sin televisión, miedo a la noche sin pastillas para dormir y miedo al día sin pastillas para despertar, miedo a la multitud, miedo a la soledad, miedo a lo que fue y a lo que puede ser, miedo a morir, miedo a vivir”. Es el tiempo del miedo globalizado.

Pero no van a conseguir meternos miedo porque los efectos paralizadores de esa táctica se diluyen muy rápidamente: en cuanto los ciudadanos nos sacudimos el polvo del miedo, salimos a la calle a airear nuestras ilusiones. Los avisos de Nemeitz no fueron obstáculo para que el París de esa época se convirtiera en el centro del Siglo de las Luces, una de las épocas más revolucionarias y esperanzadoras de la historia de la humanidad.

El miedo se combate con información, se combate enfrentándose al mismo, se enfrenta en primer lugar decidiendo mirarle a los ojos; las advertencias de los traficantes de miedo no impedirán que el impulso de movimientos como el 15-M nos recuerden que, aunque a unos pocos les beneficie el terror, la esperanza es para el ser humano la estrategia conjunta más adaptativa. “Sin trabajo, sin futuro, sin casa, sin miedo” nos recuerdan señalando lo subversivo y movilizador de perder el miedo.

José Guillermo Fouce, Doctor en Psicología y profesor de la Universidad Carlos III.

 

Pelea por lo que quieres

Por Susana Rivas Pineda

En las Elecciones Generales de 2004, el Partido Socialista Obrero Español llegó al poder con un baúl cargado de buenas intenciones e ilusiones. Quisimos cumplir nuestro Programa Electoral y, al poco de llegar al Gobierno, ordenamos la salida de las tropas españolas de Irak, ese lugar donde Blair, Bush y Aznar dejaron más de medio millón de muertos sin saber para qué ni por qué; y pusimos en marcha leyes y decisiones que marcarán un hito en la historia de la democracia española, leyes y decisiones que no está mal recordar ahora. Durante el Gobierno Zapatero las pensiones mínimas y los sueldos de los funcionarios de la Administración Central subieron como nunca antes lo habían hecho, dentro de un plan que pretendía corregir desigualdades flagrantes no abordadas bajo el Gobierno de Aznar. En el mismo sentido, pusimos en marcha la ley que posibilitaba el matrimonio, la adopción, la herencia y el derecho a pensión entre personas del mismo sexo, todo ello con la oposición brutal del Partido Popular, quien todavía la tiene recurrida ante el Tribunal Constitucional pese a suponer una mejora indudable en la vida de cientos de miles de ciudadanos.

Emprendimos la puesta en marcha de la Ley de Dependencia, una norma de la que carecíamos y que aspiraba a facilitar la vida de más de un millón de personas dependientes que vivían en condiciones próximas a la miseria más absoluta. También en ese caso, las comunidades autónomas gobernadas por el Partido Popular hicieron todo lo imposible para que una medida de un matiz tan marxista como esa no se llevara a cabo: Para muestra, dos botones, basta comprobar su aplicación en Madrid y Valencia. La Ley de Igualdad de Géneros que quería colocar a la mujer en el lugar que le corresponde en un país medianamente civilizado, criticada y ridiculizada por la derecha española hasta extremos incomprensibles, ha salido también de los Gobiernos Socialistas; del mismo modo que lo hicieron la Ley del Aborto y la venta de la píldora poscoital que tantos sufrimientos han ahorrado.

La televisión pública sin publicidad y con más libertad de la que nunca gozaron quienes en ella trabajan ha sido otro logro que veremos desaparecer si dejamos que el Partido Popular se cuele en nuestros domicilios como el virus de la gripe. Durante todos estos años de Gobierno Socialista el PP ha hecho todo lo indecible para hacer naufragar la Ley de Memoria Histórica, que pretendía hacer justicia a quienes defendieron la democracia española de la barbarie fascista y todavía yacen en las cunetas de las carreteras que transitamos. En las mismas alforjas se puede meter su incapacidad, la de la derecha, para poner freno al desvarío inmobiliario, para controlar a la banca en su locura crediticia o su debilidad con la iglesia católica, el concordato con Roma y la subvención a colegios concertados clericales. El Partido Popular olvida ahora, además, sus negociaciones con ETA, de cuyo fracaso nació el cerco policial promovido por el Gobierno Socialista que ha llevado a la banda terrorista a anunciar el fin de la actividad armada, el fin del terror: Un éxito histórico que parece no haber gustado nada a los discípulos de Fraga.

Una vez analizada esta primera etapa de Gobierno Socialista, desarrollada antes de que nos sorprendiera esta grave crisis mundial que todos estamos padeciendo, muchos podemos pensar que el mayor error de Rodríguez Zapatero fue no haber dimitido el 10 de mayo de 2010, cuando la fiereza de los mercados, la presión de Europa y los Estados Unidos obligaban a tomar medidas que un partido socialista no puede adoptar sin correr el riesgo de autolesionarse. Ese día, en el Congreso de los Diputados, Zapatero debió convocar elecciones tras haber explicado al pueblo español lo que estaba ocurriendo. No lo hizo y obró de buena fe pensando en que los sacrificios que pedía –mucho menores que los impuestos a otros países de nuestro entorno– serían suficientes para acallar a las fieras. Se equivocó, y lo hizo, a nuestro modo de ver, por tres razones: 1) Hay cosas que un socialista no puede hacer, ni siquiera bajo el paraguas del patriotismo bien entendido; 2) El fin casi nunca justifica los medios; 3) Las fieras nunca se sacian y cuanto más les das, más quieren.

Pero bueno, todo esto ya casi es historia y ahora nos encontramos a las puertas de unas elecciones en las que debemos acudir a las urnas a votar como nunca, ya que la no participación y los votos en blanco y nulos colocarán al Partido Popular como jefe único de todas las instancias de poder. Y de ser así, ya pueden ustedes apretarse los machos. En las comunidades autónomas gobernadas por ese partido, más del 60 por ciento de los niños van a colegios de curas pagados con dinero público, los casos de corrupción se cuentan por miles, se potencia la sanidad privada, la exclusión social, el sexismo, el racismo y la caridad como máxima expresión de la política social. La indefensión del trabajador y la persecución de los sindicatos son monedas de cambio que están rebajando al ciudadano a la categoría de súbdito.

Si además del poder autonómico, eclesial, judicial y económico, el pueblo da el poder central al Partido Popular, veremos, en brevísimo plazo, la desaparición de la Ley del Aborto, la liquidación de la ley de matrimonios homosexuales, la disminución drástica del subsidio de paro –anunciada ya por Rajoy en Buenos Aires–, el desguace de la sanidad pública en su totalidad, la merma de nuestras pensiones, la venta de buena parte del patrimonio del Estado, el regreso a un autoritarismo que muchos ni siquiera conocen, el empobrecimiento de la escuela pública para mayor gloria de la privada, el despido de miles y miles de trabajadores públicos prácticamente en todos los sectores y el empobrecimiento general de un país que, gracias a tener a la derecha más inculta y egoísta de Europa –que ya es decir en los tiempos que corren– ha pasado por siglos y siglos de sufrimientos gratuitos. No se trata de exagerar, ni de decir que viene el lobo. No, el lobo ya está aquí, sólo le falta el refrendo del 20 de noviembre. NO DA TODO IGUAL. Hay muchas opciones donde elegir, pero votar al amo, al que te va a exprimir hasta dejarte exhausto, nunca ha sido cosa de buen juicio. Por todo ello, PELEA POR LO QUE QUIERES y el 20-N VOTA A RUBALCABA, VOTA PSOE.

La izquierda europea contra los mercados financieros

TRIBUNA LIBRE, por Fernando Pineda Luna

La crisis financiera mundial ha demostrado a los europeos que la derecha no es su solución, sino su origen y, por lo tanto, el principal problema para vencerla y salir de ella, reforzando el Estado del Bienestar, los derechos civiles, las libertades y, en suma, el propio sistema democrático. La inmensa mayoría de los Estados miembros de la Unión Europea están gobernados por partidos políticos de derechas. Éste es el principal motivo de que Europa aún siga siendo sólo el Mercado Común Europeo de antaño con la diferencia de que, al tener moneda única, ésta le permite obligar a los países “soberanos” a ejecutar políticas económicas neoliberales y antisociales con el chantaje permanente de que, si no las hacen, los abandona a su suerte y los arroja a la quiebra.

España es el ejemplo más cercano y el que más nos duele. El Gobierno tuvo que hacer lo que la derecha que rige la UE le ordenó hacer, porque, de lo contrario, se le negaría el crédito necesario para los servicios públicos, el país se paralizaría y llegaría el caos y la ruina. Y, ¿por qué las primeras medidas fueron contra los funcionarios y los pensionistas? Porque Europa exigía cantidades reales y contables, controladas plenamente por las Administraciones Públicas, no las hipotéticas, inseguras o indirectas.

Lo más curioso e indignante del caso español es que cumplíamos órdenes de la derecha europea, mientras la derecha española en la oposición no sólo no colaboraba, sino que, además, ponía palos en las ruedas y se frotaba las manos, porque, “a río revuelto, ganancia de pescadores”. La derecha europea nos hunde y ahora viene la derecha española de salvadora de la situación. ¡Cuánta hipocresía y maldad!

Ha quedado demostrado, un año después, que tales políticas neoliberales dictadas antidemocráticamente desde la UE no han solucionado nada, porque lo que parecían “brotes verdes” se han vuelto a quemar por la llama insaciable de los mercados. Las “deudas soberanas” de los países se han convertido en el mejor negocio de los bancos europeos, al cobrarse fuertes intereses por las mismas. El ‘15-M’ y otros movimientos similares, extendidos por todo el mundo, han dicho “¡BASTA YA!” a la dictadura capitalista, a los mercados financieros. Y yo digo también “¡BASTA YA!” a la derecha, que es la que siempre cubre las espaldas de los mercaderes, razón principal de su pensamiento político y de su existencia. La derecha es la que defiende los intereses capitalistas, siempre a las órdenes de sus valedores.

Ahora tenemos la oportunidad en España, como está ya ocurriendo en casi toda Europa, de vencer a la dictadura del sistema financiero y de poner la economía al servicio del Estado del Bienestar, haciendo, desde la izquierda, leyes que regulen y controlen el comportamiento de los mercados, convirtiendo los sistemas financieros en instrumentos solidarios.

La crisis está haciendo sufrir a muchas familias, a las más humildes y desamparadas, como siempre. Cuando esto ocurre, siempre castigamos al Gobierno que ejerce en ese momento. En este caso, si votamos a la derecha o nos quedamos en casa para castigar a los socialistas como culpables de la situación, nos equivocamos y cometeremos un grave error histórico, porque ganaría la derecha, verdadera culpable de todo lo que nos ocurre. Sería lo mismo que curarnos una tos con un veneno, en lugar de hacerlo con jarabe. ¿Por qué? Porque los socialistas españoles no son culpables de esta crisis mundial ni de sus malas soluciones, sino otras víctimas más, como lo fueron los gobiernos socialistas portugués y griego, que han tenido que dimitir, empeorando la derecha entrante la situación, como ha ocurrido ya en Portugal.

Las encuestas muestran ya en Francia, Alemania, Italia y en casi toda Europa derrotas de la derecha. No perdamos la oportunidad en España de colaborar con una nueva Europa de los ciudadanos, que es lo que pregonamos los socialistas, contra la Europa de los mercaderes, que es lo que defiende toda la derecha europea, también el PP de España. Evitemos llevar el “paso cambiado” en la próxima Europa de los Estados del Bienestar.

La derecha nunca escuchará la voz libre de la indignación

La derecha nunca escuchará la voz libre de la indignación. Porque ésta emana de la rebeldía. Una acción, un sentimiento, una pasión, una forma de entender la vida y afrontar el mañana que, por naturaleza, es de izquierdas. La desobediencia al orden establecido jamás germinará en el seno de ninguna fuerza conservadora. La postura de éstas, desde sus ramas más moderadas hasta los sectores neoliberales e, incluso, las facciones más extremistas e intolerantes (fascismo, racismo, nacionalcatolicismo o fundamentalismo religioso), todas monopolizadas en nuestro país por las siglas de la gaviota, el PP, siempre será la misma: el acatamiento, la sumisión, la disciplina, el silencio cómplice o la aquiescencia explícita y descarada ante los abusos de los mercados, del devastador y autodestructivo Capitalismo, de los bancos sin escrúpulos que desahucian a quienes ellos mismos han conducido a la ruina más absoluta a través de sus cantos de sirena en forma de préstamos imposibles de asumir, de hipotecas opacas con tipos de interés desorbitados. Todo, sin obviar su bendición a la rancia excomunión eclesiástica de los ‘pecadores’ que sólo buscan escribir las páginas de su futuro, la felicidad, el amor, sin dañar a nadie en su camino (léase matrimonio gay).

La derecha nunca atenderá ese grito de desesperación. Le falta lo imprescindible: humanidad, proximidad, sensibilidad. Y si aparenta hacerlo, sólo será como puente oportunista, como escalera hacia el poder, su verdadera y única meta. Una vez en las alturas, en la poltrona, en el trono que, a su juicio, le pertenece (poco menos que por imposición divina), del que no entienden que el “harapiento” pueblo, la democracia, la pueda bajar, ignorará la legítima petición de auxilio de una sociedad a la que no comprende, que ni conoce ni se molesta en conocer. La opulencia en la que habita la ciega y le impide acercarse a lo terrenal, a la realidad de la gente, de quienes sufren. La gaviota, en consecuencia, picoteará los derechos sociales y las legítimas reivindicaciones del redentor 15-M como si del ave más carroñero se tratara. Porque lo es, porque se erige en un buitre para el estado del bienestar, en un pájaro insolidario que se ceba con los más débiles, con las desgracias de quienes padecen la crisis, su coartada, para abaratar los despidos (hasta 12 días por año trabajado -demanda de su amiga, la CEOE-) y acrecentar los privilegios de los que más tienen.

La capacidad de indignarnos, de derramar nuestros versos sueltos, es lo que nos hace libres. Y eso no le gusta (es más, incomoda) a la gaviota que, tijera en pico, planea sobre nuestras cabezas. Ya el ilustrado José María Aznar (el presidente de la Guerra de Iraq, del Decretazo, del Yakolev 42, del Prestige, de la burbuja inmobiliaria y la especulación urbanística que nos ha estallado en la cara, o de la privatización de Almagrera que, a la postre, dejó en la calle a todos sus mineros) ha espetado que el Movimiento 15-M no es representativo de ningún sentir colectivo. Había centenares de miles de personas en la calle. Para él, algo insustancial. Ante esta amenaza, la de la derecha, la de la pérdida de la oportunidad histórica que nos brinda la crisis para erradicar el fracasado Capitalismo, para construir un modelo productivo más justo, igualitario y sostenible, unos mercados regulados por los estados, no por la ambición sin límites de los agentes financieros, ahora es el momento, como propugna Stéphane Hessel en su libro, del compromiso. Una vez despertada la masa obrera dormida, es la hora de dar un paso más, de cambiar las cosas, de culminar la revolución.

La abstención o el voto nulo quizás sea, en este sentido, un castigo merecido por el socialismo, pero nunca la solución, pues la penitencia será servir en bandeja el poder al peor administrador posible de nuestro descontento, a quien, desde el desprecio al pueblo, sólo dirigirá su mirada a un horizonte retrospectivo, que nada más que pretenderá dar pasos hacia atrás, retroceder a tiempos pasados, arcaicos, y exterminar con ello las conquistas sociales alcanzadas tras siglos de sudor, sangre y lucha de los insumisos y rebeldes que nos precedieron. Sólo nos queda, por tanto, la izquierda que abandera el socialismo, el PSOE, necesitado de regeneración, es cierto, pero es la izquierda. No puede haber mejor manera de transformarla que desde dentro, el mejor punto para dinamitar esos cimientos desgastados, aburguesados. Y qué mejor mecha que la entrada de toda esa savia nueva, de todas esas ideas que brotan de tantos y tantos indignados que claman justicia, libertad y solidaridad.

El compromiso no sólo es el voto, la pasiva introducción de la papeleta en la urna, sino la entrada en los partidos, en la política, la participación en los programas electorales, en la redacción de las leyes, la ocupación de escaños en las instituciones, el canal desde el que, de verdad, se puede contribuir a cambiar el mundo, a velar por un mañana mejor, menos pobre y miserable, con menos diferencias de clases, con más bienestar. Pelear por lo que queremos. Impedir que la economía marchite lo social. Éste es el reto, lo que nos jugamos el 20-N, un anhelo que se puede plasmar en la realidad, un sueño, una utopía, que se puede ganar con la confianza en el aroma de la rosa y la fuerza del puño izquierdo, con su renovación, con la inyección de la frescura de una juventud no contaminada por intereses particulares, cuyo único bien son los ideales puros y sinceros. No será fácil, pero sí es posible. Y tenemos que intentarlo, porque no es poco el tramo que hemos recorrido, porque se lo debemos a los que quedaron por el camino y porque, como dijo Pablo Neruda, “podrán cortar todas las flores, pero no podrán detener la primavera”.

Deslealtad institucional

El Partido Socialista ha reprobado en El Campillo la actitud mantenida por el equipo de Gobierno PP-PA en un acto solemne como el de la conmemoración del 80 Aniversario de la Villa con la declaración de Manuel Romero Fernández como Hijo Predilecto y la entrega de las Medallas de El Campillo. Los socialistas, que, según exponen, colaboraron en todos los sentidos en un día en el que el pueblo y, por tanto, todas las fuerzas políticas con representación en el Ayuntamiento tienen que estar más unidas que nunca, en homenaje a todos cuanto lucharon por nuestra independencia, consideran “impresentable” el hecho de que populares y nacionalistas no invitaran ni a los alcaldes ni a los demás agentes sociales de la Cuenca Minera que constituyeron la Plataforma Pro Apertura de la Mina para hacerles entrega de la Medalla del Área de Fomento de 2011, para más INRI, propuesta por ellos.

Esta falta de decoro es más grave aún si se tiene en cuenta que la portavoz del Grupo Municipal Socialista, Susana Rivas Pineda, había rogado expresamente en el Pleno extraordinario del 17 de agosto que fuera su presidenta, la campillera Encarnación Palazuelo, quien recogiera la distinción, así como que se convocara a los siete regidores que se unieron en el anterior mandato junto a sindicatos y organizaciones empresariales para luchar por el desbloqueo de la transmisión de los derechos mineros. PP y PA no sólo hicieron caso omiso, sino que, además, ningunearon a los que, por iniciativa propia, acudieron al acto: los exalcaldes de El Campillo y Zalamea la Real, Encarnación Palazuelo y Vicente Zarza (precisamente, los dos rectores de ese foro que ha dado ejemplo de cohesión comarcal; el segundo, además, actual delegado provincial de Educación de la Junta de Andalucía) y el regidor de Nerva, Domingo Domínguez. Desde sus butacas vieron cómo ni se les nombraba ni se les llamaba para subir a recibir la Medalla. Populares y nacionalistas dieron así una clara prueba de falta de saber estar institucional.

Todo ello, según se teme, no sin razones, desde la Casa del Pueblo, lejos de ser algo trivial, intrascendente, puede redundar en un daño irreparable para nuestro municipio y, por tanto, para los intereses de la totalidad de los salvocheanos, pues, fruto de ese claro e intencionado ejercicio de deslealtad política, de ese portazo a las relaciones con otros ayuntamientos y autoridades por el simple hecho de ser de otro color ideológico, se corre un enorme riesgo: que El Campillo quede aislado dentro de una comarca ya de por sí no exenta de dificultades socioeconómicas como la nuestra y no se escuchen sus reivindicaciones en ningún lugar. Y es que, sin relaciones institucionales, sin colaboración con las administraciones y sin voluntad de trabajar codo con codo con el resto de municipios de la Cuenca, es inviable el desarrollo de nuestro pueblo, una verdadera utopía.

No obstante, ya resultaba muy extraño que PP y PA quisieran reconocer la labor de los alcaldes socialistas en el desbloqueo de los derechos mineros. La propia conservadora Manuela Caro emprendió una propagandística campaña de recogida de firmas por toda la comarca contra la Junta, el PSOE y sus dirigentes municipales, a quienes, demagógicamente, acusaba de no querer abrir la mina. Ahora, ha quedado de manifiesto que la distinción que proponían era parcial e hipócrita, que sólo querían alabar el papel de una parte de la Plataforma, la de los empresarios. Pero, dentro de su incoherencia habitual, lo han hecho a su conjunto, pues la Medalla de Fomento de El Campillo abarca en 2011, les guste o no, a los siete alcaldes de la Cuenca de la pasada legislatura (seis de ellos, socialistas; incluso los siete, si se contabiliza al independiente Domingo Domínguez), a UGT y CCOO y a las cinco organizaciones empresariales que reclamaron cordura a los miembros de la Comisión Liquidadora de la extinta MRT, SA.