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Pablo Pineda

‘El Campillo. De la independencia a la democracia’ verá la luz mañana en el Atalaya

El libro, de María Dolores Ferrero, Cristóbal García y José Manuel Vázquez, conmemora el 75 aniversario de la emancipación de la localidad

EL CAMPILLO. Las páginas de El Campillo. De la independencia a la democracia, un libro editado por la Universidad de Huelva (UHU) como consecuencia de un convenio de colaboración con el Ayuntamiento de El Campillo, verán la luz mañana en el Teatro Municipal Atalaya, a partir de las 19 horas. La publicación, escrita por los investigadores de La Onubense María Dolores Ferrero Blanco, Cristóbal García García y José Manuel Vázquez Lazo, rememora los avatares sufridos por un pueblo que reivindicó durante décadas su emancipación del núcleo matriz de Zalamea la Real hasta conseguirla el 22 de agosto de 1931, al calor de la entonces recién instaurada Segunda República, bajo la denominación de Salvochea. El resto de su historia, hasta la actualidad, queda recogida, sobre la base del rigor científico, en una obra que se alimenta de los testimonios de un amplio grupo de mayores campilleros.

La iniciativa, que cuenta con una partida de 20.000 euros de la Diputación Provincial de Huelva, supone el broche a la conmemoración del 75 aniversario de la constitución de El Campillo como municipio independiente, efeméride celebrada el 22 de agosto de 2006 con el levantamiento de un monumento en la Plaza del Ayuntamiento. Se trata del segundo texto que recupera, de un modo exclusivo, la memoria de este enclave minero, en la medida en que ya en mayo de 2007 se presentó El Campillo, el gran desconocido, escrito por el campillero Gilberto Hernández Vallecillo. Al igual que esta primera publicación, El Campillo. De la independencia a la democracia será distribuido de forma gratuita por las casas de la localidad.

En paralelo a la presentación del libro, en la Casa de la Juventud de El Campillo se inaugura la exposición bibliográfica ‘Los libros de los tiros’, una muestra que se inserta en el marco de las acciones programadas para homenajear a los fallecidos el 4 de febrero de 1888 en la plaza del antiguo pueblo de Minas de Riotinto. Todo ello, en el contexto del 120 aniversario de aquel trágico episodio conocido como ‘El año de los tiros’, en el que soldados del regimiento de Pavía dispararon a la masa de obreros que reivindicaba mejoras laborales y el fin de las calcinaciones de mineral al aire libre en las denominadas ‘teleras’, cuyos humos dibujaban una funesta sombra negra en el ambiente que resultaba devastadora para la respiración y las explotaciones agrarias de la comarca.

El espíritu de la participación

Hay un lema que ha aglutinado a la totalidad de los campilleros desde el principio de su historia, unos términos que definen el espíritu de un pueblo que, fruto de su tenacidad y constancia, siempre pacífica, alcanzaba (aquel mítico 22 de agosto de 1931, bajo el calor de la entonces recién instaurada Segunda República) la anhelada independencia de la localidad matriz de Zalamea la Real con el fin de edificar su propio futuro: Unidos laboramos. Éstas son las palabras que ondean en el escudo de El Campillo en forma de canto a la esperanza, de invocación a un proceso hacia el progreso de una tierra minera guiado, con la participación de todos, por las bases, los cimientos de su sociedad, la clase obrera, el proletariado. Así, con el sacrificio y la máxima cooperación de todos, con la fuerza de la unión, ha crecido un municipio que alcanzó la prosperidad al lado de una productiva línea del cobre, la misma que condujo a la Cuenca a liderar el desarrollo de la hoy emergente, cada vez más consolidada, economía onubense. Y ése es el talante que hay que recuperar, el que más falta hace, el más urgente, en unos tiempos actuales marcados por la incertidumbre propia de una diversificación socioeconómica, de un no exento de obstáculos periodo de búsqueda de alternativas al monocultivo del mineral que, por su propia condición de complejidad, requiere el apoyo, la concienciación y la sensibilidad de todos.

La división, la pasividad, la crítica destructiva son elementos alienantes, perniciosos e, incluso, deletéreos, mortíferos, para una sociedad, para un pueblo azotado por un contexto de crisis, para una comarca que lucha por huir del clima de depresión establecido por la decadencia de una mina que, en su momento, dejó de ser rentable. Al mismo tiempo que MRT SAL caía en las garras de la quiebra, hundía, como consecuencia de los embargos sufridos, las expectativas de plena reindustrialización de la Cuenca Minera, al coartar el acceso de los ayuntamientos a un suelo libre en el que propiciar la instalación de nuevas actividades económicas que permitieran profundizar en un proceso inaugurado por la llegada de sociedades como Río Tinto Fruit, Río Tinto Plástico, Tubespa o Nature Pack, entre otras. El reto es reflotar, tornar esta situación, conseguir que una superficie industrial hoy improductiva por no estar en manos públicas o de empresas solventes con proyectos serios, comience a abrir nuevas puertas de riqueza, bajo el manto de la atención preferente en el reparto de fondos, de la discriminación positiva que dispensan las administraciones a esta tierra desfavorecida por las circunstancias del devenir. Una meta en la que desempeñará un papel trascendental la conversión en autovía de las carreteras N-435 (que comunica Huelva con Badajoz) y A-461 (que une El Campillo y Santa Olalla del Cala), dos infraestructuras que dejarán a la comarca en un lugar estratégico, al enlazarla, por mediación de rápidas vías de comunicación, con Huelva y su puerto, Extremadura, Sevilla, Madrid y el norte de España, a través de la Ruta de la Plata.

Estas bases para el desarrollo, cuya concreción práctica necesita, por parte de las instituciones públicas, la máxima agilización de los trámites que conlleva toda iniciativa de tal magnitud, no obstante, no favorecerán la consecución de las metas de bienestar ansiadas por la totalidad del pueblo campillero si no vienen acompañadas de la aportación de los ciudadanos, del grano de arena de cada uno de los habitantes del municipio. No se trata de suplantar el papel que corresponde a las administraciones, sino, simplemente, de participar en la vida de la localidad y del resto del área minera, cada uno desde sus posibilidades, pero de un modo activo y comprometido. Basta con dar rienda suelta a las aficiones individuales, con convertirlas en actividades colectivas. Se trata, por consiguiente, de impulsar el tejido asociativo, la concentración de personas para la constitución de grupos con intereses comunes ajenos a fines lucrativos. La Asociación de Protección de Minusválidos Psíquicos (ASPROMIN), la Asociación de Familiares de Enfermos de Alzheimer (AFA) de El Campillo, el Centro de Día para personas mayores El Amparo, la Hermandad de la Santa Cruz de El Campillo, la Escuela Municipal de Fútbol Base, el Aula de Música, la delegación campillera de la Asociación Española Contra el Cáncer o las distintas peñas carnavaleras, entre otras muchas entidades, constituyen algunos ejemplos. Es un mecanismo moderno para rescatar del baúl del olvido, para despertar, el alma solidario de un pueblo que se volcaba con cada causa, que, con el sudor de su frente, levantó la ermita para la Santa Cruz o colaboró en la construcción de la iglesia que luego tuvo que ser demolida, el mismo que recobró el prohibido carnaval y salía en masa a la calle con un disfraz para inundar de color cada febrero campillero.

Una sentencia resulta muy expresiva en este sentido: Nadie defenderá mejor una casa, un territorio, que sus propios inquilinos, sus propios residentes, desde los principios de libertad, igualdad y fraternidad. Aquello que proceda de fuera, aunque no por ello debe dejar de ser entendido como imprescindible y, por tanto, exigible, sólo debe ser considerado como un apoyo, un aliento para seguir adelante, nunca como el único pilar sobre el que sustentar el avance. La ayuda externa, la de las administraciones públicas, ya sean central, autonómica o provincial, tan sólo puede resultar fértil, efectiva, si cuenta con otro elemento básico en su estructura: el concurso de la ciudadanía, su participación, su carácter abierto, su cultura emprendedora.

Cántaros de plata y oro por veinte febreros de carnaval

Cántaros de plata y oro por veinte febreros de carnaval

El Ayuntamiento galardona hoy, en la reanudación de las actuaciones, a los seis comparsistas y chirigoteros que suman veinte años sobre el escenario

EL CAMPILLO. La reanudación de las actuaciones de carnaval de El Campillo, que tendrá lugar hoy a partir de las 20.30 horas bajo la presidencia, una vez más, de la reina de la fiesta, Isabel María Gordillo, encontrará un momento emotivo en la novedosa entrega de galardones al grupo de seis comparsistas y chirigoteros campilleros que cuentan ya, al menos, con una veintena de experiencias sobre las tablas de las carnestolendas, ya sea en el escenario del Teatro Atalaya, de la nave municipal o de aquellas carpas instaladas en la Plaza del Ayuntamiento o, incluso, en el Polideportivo Municipal. Francisco Javier Sánchez Rubio, Juan Díaz Patricio, Juan Vicente Pazos Pérez (los tres, de la Peña Carnavalera Los Perendengues), los hermanos Luis Emilio y Juan Antonio Matos Carranza y Fernando Pineda Ortega (de la Peña Carnavalera Los Diablos) serán objeto esta tarde de la recepción de una insignia consistente en un cántaro de plata bañado en oro, reflejo de la esencia de las fiestas campilleras.

El homenaje, de cuyo contexto no se puede desvincular el abrazo que sobre el escenario protagonizaron el pasado fin de semana miembros de la agrupación de Los Diablos (‘Cuando despierta la noche’) y de Los Perendengues (‘El abominable hombre del Tune-5’), después de que los primeros dedicaran un pasodoble a la larga trayectoria de los segundos, presentes desde la primera edición del carnaval campillero de la nueva etapa democrática y, por tanto, en cierta medida, padres de la celebración de don Carnal en El Campillo, emerge como el prólogo de la última fase de las fiestas. La actuación de las seis formaciones locales darán paso al desfile del sábado y la rotura y entierro del cántaro del domingo.

Compromiso social, sátira y humor a través de letrillas de carnaval

Compromiso social, sátira y humor a través de letrillas de carnaval

Seis agrupaciones, tres comparsas y tres chirigotas, volcaron sobre el escenario del ‘Atalaya’, con tipos graciosos y serenos, su visión de la realidad

EL CAMPILLO. Tras casi medio año de ensayos, de tensiones y buenos momentos, de un largo y enriquecedor periodo de gestación de un repertorio musical de crítica y humor, de sátira e ironía, de libertad de expresión, se abrió el pasado fin de semana el telón del carnaval de El Campillo, por cuyas bambalinas han pasado seis agrupaciones (tres comparsas y tres chirigotas), dos más que en la edición anterior. Aún lejos de épocas no muy distantes, en las que participaba en torno a una decena de formaciones del municipio, el primer contacto con el escenario del Teatro Atalaya ha supuesto, no obstante, un avance no sólo cuantitativo, sino también cualitativo.

La Peña Carnavalera ‘Los Diablos’, con veinte febreros a sus espaldas y comparsa referente desde la retirada de ‘Los Califas’, o la debutante, aunque con integrantes con una amplia trayectoria en las carnestolendas campilleras, ‘Bienaventurado’ aportaron la magia y majestuosidad del género sobrio del carnaval, con las mejores voces de la presente edición entre sus miembros. Los primeros, bajo el disfraz de sereno y el nombre ‘Cuando despierta la noche’, apostaban por la unidad y la participación de un pueblo al que no quieren ver dividido por la política. Y los segundos, un grupo de socialistas utópicos o anarquistas que, cansados de la locura del sistema capitalista, huyeron hacia el campo en busca de la libertad y la autosuficiencia, ensalzaban con su música, su poesía, la figura del obrero, del trabajador. También retornaban, después de un año de ausencia, bajo el tipo de guerreras elfo, las féminas de ‘Guardianes del Bosque’ para completar la terna de comparsas.

El desparpajo y la gracia de las chirigotas llegaba de la mano de las veteranas peñas de ‘Los Perendengues’ (que sobrevive desde la primera edición) y ‘Los Esponjas’, acompañadas por los vendedores ambulantes ‘Venimos del charco La Pava’. ‘El abominable hombre del Tune-5’, denominación del monstruoso disfraz de los que pueden considerarse padres del carnaval de El Campillo representaba a un ser cuyo origen se halla en uno de los muchos campilleros que se refugiaban de los bombardeos de 1936 en esa galería minera de la localidad. Allí se ha mantenido el personaje de esta murga, por miedo, siete décadas. Cupido y su capacidad para regular el nivel de amor alcanzable por cada uno de los mortales, es, por otra parte, el tipo de ‘Como te dé con la flecha ya tienes la vida hecha’, la agrupación dirigida por Manuel Gregorio.

Todas las formaciones, en su conjunto, se han hecho eco del principal acontecimiento del año, cada una con su visión particular de la realidad local: las elecciones municipales del 27 de mayo de 2007 y el posterior pacto de dos fuerzas enfrentadas hasta ese instante: PSOE e IU. Los parecidos de gente del pueblo con los propios disfraces o con personajes famosos, la puntual anegación de la única farmacia del pueblo como consecuencia de una jornada de fuertes lluvias, la defensa del Parque Municipal de Los Cipreses o temas siempre actuales como la violencia machista fueron otros aspectos enfocados por la mirada libre y sin tapujos propia del carnaval.

Las entradas para el carnaval salen a la venta mañana

Las entradas para el carnaval salen a la venta mañana

El precio de cada billete asciende a 4 euros, el mismo que en la edición anterior · Podrán comprarse el miércoles y el jueves a partir de las 18 horas

EL CAMPILLO. Las entradas para acudir a las diferentes actuaciones del carnaval 2008 de El Campillo salen a la venta mañana, miércoles 30 de enero, a partir de las 18 horas, por un precio de cuatro euros, el mismo que en la edición anterior. Un día después volverá a abrirse la taquilla para dar salida al resto de billetes de las alrededor de 350 butacas que configuran el patio y el gallinero del Teatro Municipal Atalaya. Los componentes de las seis agrupaciones, por su parte, tienen reservadas, previo pago, dos entradas a repartir entre los tres días en los que se subirán al escenario. Para el último día, el viernes 8 de febrero, según informó el concejal de Patrimonio, Hacienda, Cultura y Festejos, Antonio Félix Torrado, el Ayuntamiento regalará una entrada a los miembros de las tres comparsas y las tres chirigotas que participan este año en las carnestolendas campilleras, con el fin de que puedan disfrutar del repertorio de sus compañeros.

Seis agrupaciones calientan motores para el carnaval

Seis agrupaciones calientan motores para el carnaval

El ensayo general de las comparsas y chirigotas mineras, el preludio de las actuaciones en el Teatro Atalaya de los dos próximos fines de semana

EL CAMPILLO. Después de que en 2007 el número de agrupaciones locales se viera reducido a cuatro, el carnaval de El Campillo se recupera en parte con el retorno de una chirigota y una comparsa femenina y la aparición en escena de ‘Bienaventurados’, una nueva comparsa que cubre el hueco dejado este año por los clásicos ‘Soldaditos de plomo’. En total, son seis las formaciones que se subirán los dos próximos fines de semana a las tablas del Teatro Municipal Atalaya, un número que, no obstante, aún se halla lejos de la decena de conjuntos que llegó a subirse al escenario de las carnestolendas campilleras en ediciones anteriores.

El tradicional ensayo general del pasado sábado, celebrado en los locales cedidos a las distintas comparsas y chirigotas, en la planta alta del antiguo colegio público, y en el ‘Socavón’ de la Peña ‘Los Perendengues’ se ha erigido, como cada año, en el preludio de una de las fiestas con mayor arraigo entre la población minera. Las agrupaciones calentaban motores ante el numeroso público que suele acudir a este evento con el fin de comprobar el nivel y familiarizarse con las letrillas, siempre escritas desde la base de la crítica y la ironía propias de la que emerge como la feria de la libertad.

Una vez finalizado este primer envite, arranca la cuenta atrás para las media docena de formaciones carnavaleras de El Campillo, las cuales se subirán por primera vez al escenario el próximo viernes 1 de febrero, a partir de las 20.30 horas, tras el pregón que pronunciará el maestro y músico campillero Manuel Pérez. El sábado 2, a las 17.30 horas, y el siguiente viernes, a las 20.30 horas, se celebrarán dos nuevas actuaciones. Ya el sábado 9 de febrero, el colorido y los sones de las carnestolendas saldrán a la calle con el desfile y el posterior baile de disfraces para, un día después, procederse a la clásica rotura y entierro del cántaro.

La novedad radica este año en el homenaje que el Ayuntamiento rendirá a los carnavaleros campilleros que cumplen 20 años sobre el escenario mediante la entrega de una insignia de plata bañada en oro con la forma de un cántaro. Los primeros en recibir este galardón por su participación en estas fiestas serán Francisco Javier Sánchez Rubio, Juan Vicente Pazos Pérez y Juan Díaz Patricio (de la Peña Carnavalera ‘Los Perendengues’) y los hermanos Luis Emilio y Juan Antonio Matos Carranza y Fernando Pineda Ortega (de la Peña Carnavalera ‘Los Diablos’).

La pérdida de 123 habitantes en 2007 certifica la moderación del éxodo rural

La población de la comarca cae en 2007 un 0,7 por ciento, tres décimas menos que en 2006 · Los inmigrantes empadronados en la Cuenca (228) aumentaron, en paralelo, un 23,24%

CUENCA MINERA. Continúa la moderación del éxodo rural que azota a la Cuenca Minera desde mediados de los años 80, con los primeros pasos del proceso de decadencia de la línea del cobre. La pérdida de 123 habitantes en el ejercicio 2007 supone un descenso de población del 0,7 por ciento, tres décimas menos que la tasa registrada en 2006, cuando la marcha de 177 vecinos del conjunto de los siete municipios que configuran la comarca ya apuntaba, unida a la baja de 122 residentes en 2005, un avance en la lucha por reducir la disminución del número de vecinos. En total, los últimos tres años han derivado, según el Instituto Nacional de Estadística (INE), en la desaparición de 422 personas (un promedio de 140 al año) de los censos de las localidades mineras, el 2,37 por ciento de los ciudadanos que habitaban la Cuenca al cierre del ejercicio 2004 (17.810). En los 20 años que separan 1986 de 2006, sin embargo, el padrón comarcal cayó desde los 21.975 moradores hasta los 17.511, un 20,31 por ciento, con una media de 223 residentes al año.

Pero en esta atenuación de un fenómeno ligado de un modo directo a la crisis de la minería, ha vuelto a desempañar un papel trascendental la incipiente evolución de la inmigración en la zona. Al igual que ocurrió en los cursos 2005 y 2006, tras los cuales la incidencia de extranjeros en los pueblos mineros multiplicó por 3,7 los cincuenta foráneos instalados en 2004, el año 2007 ha estado marcado por un nuevo impulso a la llegada de inmigrantes. Una tendencia que se ha visto, incluso, reforzada, con una ampliación de los 185 extranjeros empadronados un año antes hasta alcanzar la cifra de 228, un 23,24 por ciento más. Este colectivo representa así, sin contar el contingente de alrededor de 150 jornaleras polacas contratadas en origen por Río Tinto Fruit para la presente campaña agrícola, al 1,31 por ciento de la población de la comarca, fijada, al finalizar el pasado ejercicio, en 17.388 personas. En 1996, los 33 ciudadanos llegados desde fuera de las fronteras nacionales apenas sumaban el 0,17 por ciento del total.

Bulgaria y Rumanía, con los datos de 2007, se consolidan como la principal fuente de inmigrantes de la Cuenca Minera. Ambas nacionalidades, que aportan 98 (56 de ellos, afincados en Nerva; 19, en El Campillo; 19, en Minas de Riotinto; y cuatro, en Zalamea la Real) y 43 (30 de ellos, instalados en Zalamea la Real; cinco, en Campofrío; cuatro, en Minas de Riotinto; dos, en El Campillo; y dos, en Nerva) residentes de forma respectiva, aglutinan al 61,84 por ciento de los vecinos foráneos que conviven en la zona. En 2006, los 63 búlgaros y 44 rumanos censados constituían el 57,84 por ciento de la población extranjera. El continente americano, por su parte, cuenta en la comarca con 30 representantes de diversos países, entre los que destaca Colombia, con siete (cuatro viven en Zalamea la Real; y tres, en Nerva). Mientras, los núcleos mineros acogen a 12 africanos; seis de ellos, marroquíes (cinco nervenses y un zalameño).

En este punto, resulta significativo que sólo en aquellos municipios en los que se ha visto reducido el número de inmigrantes empadronados a lo largo de 2007 se ha registrado algún descenso de población. El resto, en los que ha crecido o se ha mantenido inalterable la presencia de extranjeros, se ha beneficiado de un incremento del número de habitantes. Minas de Riotinto, El Campillo y Zalamea la Real han perdido 120 (un 2,73 por ciento), 39 (un 1,71 por ciento) y 39 (un 1,11 por ciento) vecinos de manera respectiva, al mismo tiempo que el número de foráneos en estos pueblos bajaba de 46 a 39, de 41 a 35 y de 58 a 54. Un efecto contrario al acaecido en Nerva, donde la llegada de 52 nuevos inmigrantes para sumarse a los 37 existentes en 2006 ha venido acompañada de un crecimiento poblacional de 44 personas (un 0,74 por ciento). Lo mismo ocurre en Campofrío, que ha recuperado 27 residentes a la vez que añadía ocho personas procedentes del exterior del país a las tres que tenía afincadas en su término al clausurarse 2006. Berrocal y La Granada de Riotinto, donde se mantiene nula la presencia de inmigrantes, han crecido en tres (0,8 por ciento) y un habitante (0,45 por ciento).

Los menores de 30 años representan al 32,3% de la población, seis décimas menos que en 2006

Uno de los efectos inmediatos que conlleva todo descenso de habitantes de un territorio es el envejecimiento de la población, ya sea por el éxodo de los jóvenes a otras áreas geográficas en busca de estabilidad laboral o por un índice de crecimiento vegetativo negativo (cuando la cantidad de defunciones supera a los nacimientos). En este sentido, en la Cuenca Minera, el año 2007 se ha cerrado con una reducción del número de menores de 30 años en 102 personas, desde los 5.718 jóvenes de 2006 (un 32,94 por ciento) hasta los 5.616 con los que finalizó 2007 (un 32,3 por ciento). Y, en paralelo, también ha caído el porcentaje de mayores de 65 años, éste en 12 centésimas, desde 3.919 vecinos a 3.864. Una tendencia que se ha traducido en un incremento del promedio de residentes con edades comprendidas entre los 30 y los 64 años. Si este sector constituía en 1996, con 8.003 personas, el 41,39 por ciento del total de habitantes de la comarca, hoy representa, con 7.908 ciudadanos, al 45,48 por ciento, 76 centésimas más que en 2006, cuando este intervalo aglutinaba a 7.831 adultos.

Diferentes datos se extraen del análisis del colectivo de inmigrantes afincados en la Cuenca Minera, en la medida en que, entre 2006 y 2007, al mismo tiempo que este sector de población aumentaba hasta las 228 personas (un 23,24 por ciento), ascendía el porcentaje de extranjeros menores de 16 años, desde el 8,65 por ciento (16) hasta el 11,4 por ciento (26). La consecuencia, un decrecimiento de la tasa de foráneos de entre 16 y 64 años y de los mayores de 65 años, que pasaron a englobar el 82,46 por ciento (188) y el 6,14 por ciento (14), de manera respectiva (en 2006, abarcaban el 83,24 por ciento y el 8,11 por ciento). Minas de Riotinto es, en este punto, la localidad minera que cuenta con una mayor cuota de inmigrantes con menos de 16 años, 10 de los 39 instalados en su término municipal. El siguiente pueblo es El Campillo, con 5 de los 35 que configuran su padrón, en el que también se insertan 6 de los 14 extranjeros con más de 65 años que habitan la comarca minera en su conjunto.

En memoria de María Palomo

Los autores del nuevo libro de la Historia de El Campillo homenajean con el siguiente texto a esta campillera que aportó a la publicación los avatares de su vida:

Conocimos a María Palomo cuando nos concedió una entrevista sobre sus recuerdos de la guerra y posguerra para un libro que preparábamos sobre la historia de El Campillo, con motivo del 75 aniversario de su segregación de Zalamea la Real.

Los autores buscábamos a personas que hubieran vivido aquellos acontecimientos y nos relataran alguna experiencia en primera persona. Pero María Palomo nos ofreció mucho más que eso.

Encontramos a una mujer que adoraba a su familia, sus recuerdos y a tantas personas queridas que le habían faltado muy temprano: perdió a los 12 años a su padre; a los 15, a su hermano; a los 27, a su marido; y a los 48, a su madre.

Nos contó que era nieta de un superviviente de la guerra de Cuba que, después, fue el primer maestro de la zona. Nos explicó que su madre, a la que recordaba con entrañable admiración, tenía “la letra inglesa perfecta”, por lo que todo el mundo la requería para sus escritos oficiales o importantes. Que su abuela hacía guantes tan exquisitos que le encargaron 365 -uno para cada día- para la reina Victoria… Y así,  infinitos pequeños detalles, quizá alguno idealizado, guardados celosamente por una persona que se había quedado demasiadas veces sola. Con demasiadas pérdidas y acompañada de sus recuerdos.

Su memoria era sorprendente, dándonos fechas exactas y nombres completos de tantos familiares o vecinos sobre los que hablamos. Pero si algo fue conmovedor y revivido con increíble actualidad, fue la despedida de su padre.

Cuando cayeron las primeras bombas en El Campillo, que fueron el primer anuncio de la guerra, todos huyeron a los túneles de la mina. Ella y su madre, también. Y en esa circunstancia, recordaba con admirable ternura, cómo su padre les había llevado un colchón, que colocó entre las traviesas, para que pudieran dormir mejor. Un colchón que arrastró por todo el pueblo y por todos los pisos de la corta para su esposa y su niña y que ella nunca olvidó.

Cuando nos habló con cara aterrorizada de que en el Casino metían a los hombres y “se hacían tormentos”, nos explicó que ella iba pidiendo y cuando los veía entrar, pensaba: “Otro que van a matar”..., pero que su padre le decía: “no llores, hija, no llores”. El final de la relación con ese padre tan querido fue lo más doloroso que pareció revivir y nos lo dijo así: “Estoy viendo a mi padre comiéndose un racimito de uvas, subiendo al camión a donde lo obligaron, y diciéndome: Hija mía, vete para casa. Después, a mi madre le dijeron que creían que había muerto en la guerra de España. Ahí  murió mi padre y ya no lo vi más”.

María Palomo nos decía que lo estaba viendo todo como en una película. Nos contagió su recuerdo herido y su amor intacto por los suyos. Hoy ella ya no está con nosotros, pero ese día en que tuvimos el privilegio de conocerla y nos habló sin reservas también permanece intacto en nuestra memoria.

Te deseamos que descanses ya, María. Hasta siempre, María.

María Dolores Ferrero Blanco, Cristóbal García García y José Manuel Vázquez Lazo.