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Pablo Pineda

El Campillo

‘Chele’, guardián del monte, alma flamenca

‘Chele’, guardián del monte, alma flamenca

“Todo pasa y todo queda, pero lo nuestro es pasar, pasar haciendo caminos, caminos sobre la mar. Nunca perseguí la gloria, ni dejar en la memoria de los hombres mi canción, yo amo los mundos sutiles, ingrávidos y gentiles, como pompas de jabón. Me gusta verlos pintarse de sol y grana, volar bajo el cielo azul, temblar súbitamente y quebrarse… Nunca perseguí la gloria. Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante no hay camino, se hace camino al andar”. El poeta Antonio Machado lo recitaba. José Gómez Carrasco, Chele, lo hizo. Marcó las veredas, las protegió, las cuidó, las mimó, dejó sus trazos. Dibujó la senda, para dejárnosla en herencia, la del amor a su vida, al medio natural, al campo, y al arte, al flamenco. Ése es su legado, su ejemplo, el de la participación, la indignación y el compromiso social, el convencimiento de que pequeños gestos, de que cosas en apariencia diminutas pero enormes al unirse con otras, son capaces de transformar el mundo, el universo que nos rodea. Ése era su sueño, su obsesión, su pensamiento, el mismo que emana de las letras que siempre le acompañaban, el cante de ese grande con el que tanto se identificaba, de José Domínguez, El Cabrero, por el espíritu de rebeldía contra la injusticia que impregna a cada uno de los versos del maestro, del cantaor, y a cada una de las ideas y de las acciones de su más fiel seguidor, Chele, guardián del monte, alma flamenca, libertaria.

Todo ello, y más, trajo José Gómez Carrasco, Chele, a El Campillo, a la vieja Salvochea, a su hogar, al que arribó, como tantos otros, a la temprana edad de seis años. Desde Rosal, con sus padres, en busca de la prosperidad de la Cuenca, de una comarca en auge al ritmo del rugir incesante de los motores de una mina que no dejaba de extraer riqueza, sangre, cobre, del corazón de la tierra. Pero fue él quien, con los años, de puntillas, con el sosiego del silencio, con la humildad del anonimato, aportaría a los demás, a su pueblo, a su gente, a su paisaje y a su paisanaje, más dosis de bienestar del que perseguían a su marcha de ese municipio fronterizo en el que nació, del vientre de su madre, María, y de su padre, José El Pequeño, aquel, hoy más cerca que nunca, 27 de junio de 1951. Desde entonces, en estos lares, en los suyos, su figura es alargada, su estela, eterna, porque desde entonces, poco a poco, sin pausa, con su cuidada escritura, forjó con su inagotable pluma capítulos que de nuestra historia jamás serán borrados. Porque están plasmados en lo más profundo, en el origen, en las entrañas, de buena parte del tejido asociativo de nuestro pueblo, en el flamenco, en el de antes y en el de ahora, en la caza y en el deporte, en cada bocanada de vida que brota de ese ecosistema único bañado por las rojas aguas del Tinto y el Odiel.

Ésa es la esencia del tercero de cuatro hermanos, del tercero de esos cuatro niños (Dolores, María, él y Cristóbal) que crecieron en torno al negocio que regentaban sus padres, lo que hoy es el Bar La Muda. Ésa es la esencia de un estudiante brillante que se vio abocado a dejar los libros para trabajar en lo que saliera, en la construcción o, sobre todo, en la forestal, aquí y allí, en el sur y en el norte, en la Cuenca Minera y en Bilbao. Porque no eran tiempos de oportunidades. Porque eran tiempos de arrimar el hombro. Porque eran tiempos de sacrificio. Unos tiempos en los que Chele jamás se agachó, en los que se levantó, para transformar lo que no debía ser real. Porque le irritaba. Porque ese sufrimiento, esos pesares, las penalidades de los años oscuros, eran, encerraban, alimentaban, su esperanza. Unos tiempos en los que, alentado por su propia dedicación, se fraguó ese amor a la naturaleza, a la madre de todo, a ese campo que, para él, al igual que para El Cabrero, simboliza todo lo bueno, lo incorruptible, la pureza, la sabiduría, la verdad, la justicia, el equilibrio, la igualdad, la libertad, el aire, el viento, la revolución... Frente a la opresión, la mentira, el anonimato, la autodestrucción, la realidad contaminada de la ciudad, de lo urbano. El bien frente al mal.

El medio ambiente, ese contacto directo que disfrutó en sus años de retiro en el Zumajo, con su familia, con una rehala de perros de caza a la que cuidaba como si de una extensión de sí mismo se tratara, es la simiente, el pilar de su propia forma de entender el mundo, de su carácter metódico, de la vehemencia con la que defendía cada una de esas causas perdidas que él siempre ganaba. Por su corazón incansable, por la pasión con la que levantaba cada uno de sus proyectos. La misma pasión con la que tantas veces fomentó la cooperación, la participación, en un pueblo cuyo lema es Unidos Laboramos. La misma con la que, en su perseverancia, no cesó en su empeño por organizar, una tras otra, desde jornadas cinegéticas hasta exhibiciones de tiro con carabina, al plato, con rifle y escopeta al blanco. La misma con la que se implicó en entidades como el Risco de la Cruz de Traslasierra o la Verbena Popular de San Juan, El Pirulito. El mismo amor con el que, como precursor de la emblemática Peña Montera Salvochea, enalteció esa afición que es la caza, de la que apartó, con su esmero, con su esfuerzo denodado, con su persecución del furtivismo, con su protección del entorno, de la biodiversidad, esa sombra del desequilibrio natural que persigue, que acecha, a lo cinegético. Porque nos enseñó que caza y sostenibilidad no son conceptos antagónicos, sino complementarios, cómplices, inseparables.

Todo ese amor manaba de su ser, de ese corazón que, magnánimo e inmenso, siempre latió entregado, como un esclavo libre, a sus dos Sofías, su esposa, su compañera, y su nieta, fruto de su propia semilla, la misma que floreció en sus hijos Juan José y Ana Belén, la prolongación de su memoria, la extensión de una utopía, la suya, que nunca calló, que siempre compartió, por medio de ese libro de la vida en el que siempre creyó, del flamenco, y, dentro de él, de las páginas de El Cabrero con las que alumbró el Candil Minero. Porque, como canta el de Aznalcóllar, “nos enseñan a matar mucho más que a sembrar un árbol; y a los que nos rebelamos sólo nos queda gritar ¡ni guerra, ni dios, ni amo!” Chele siempre sembró, en cualquier tierra, por páramo que su suelo resultara. Por ello, aquí sigue, con su pueblo, con El Campillo, con Salvochea. Porque no se ha marchado. Porque jamás se irá. Porque, como reza su hijo Juan José, “el primer golpe de la guadaña implacable podrá segarte de la tierra. Pero aún sigo escuchándote en el alma cantando por soleá. Y cuando la lluvia del otoño levante el aroma de humus y jara, cómo no he de sentirte dentro de mí paseando por los campos. Mis manos de niño siguen moviendo las alas de los pájaros quietos. Y hasta que no lance otro golpe, la guadaña maldita, al centro de mi pecho, no podrá decir: ¡Vencí! El único cielo que conozco es el corazón de quienes nos amaron”. José Gómez Carrasco, Chele, guardián del monte, alma flamenca, de libertad, la que anida en su interior, en su espíritu trasgresor, la que porta su memoria.

Un centenar de vecinos pide la dimisión de Cuaresma tras el hallazgo de restos humanos en Los Cipreses

El regidor andalucista no se replantea su posición al frente del Ayuntamiento ante los hechos ni ante la protesta · Reta a la oposición: “Quien me tiene que quitar de la Alcaldía es el Pleno”

EL CAMPILLO. En torno a un centenar de vecinos pedía el pasado sábado la dimisión del alcalde de El Campillo, el andalucista Francisco Javier Cuaresma, en una concentración ciudadana en la Plaza del Ayuntamiento de la localidad minera. La convocatoria, realizada a través de las redes sociales y papeletas informativas distribuidas por la localidad por un grupo de jóvenes indignados ante el hallazgo de restos humanos procedentes del osario del cementerio, donde se desarrollan unas obras de mejora, en el Parque Municipal Los Cipreses y la cancha de tiro al plato, hechos definidos por los promotores de la protesta no como la causa única de la misma, sino como la “gota que colma el vaso”.

El mensaje que circuló durante toda la semana aseguraba que los campilleros están “cansados de calles a oscuras y de un Parque abandonado”, a lo que se sumaba ahora la “falta de respeto a nuestros antepasados”. Esta situación, la “mala gestión”, justificaba, sobremanera, a juicio de los organizadores, la reclamación de la dimisión del regidor. La concentración, que en todo momento se desarrolló de forma pacífica y en un silencio absoluto, tan sólo roto por algún grito de “¡Cuaresma, dimisión!” no fue muy numerosa, aunque los propios promotores se mostraban satisfechos al esperar menos participación en la misma. “La repulsa no puede ser mayor, tal y como se ha comprobado estos días en las distintas redes sociales; la voz es unánime”, decían los organizadores.

Entre el centenar de personas sí se encontraban miembros del Grupo Municipal Socialista en el Ayuntamiento salvocheano, que, tras pedir explicaciones y la depuración de responsabilidades políticas al alcalde, ya habían confirmado que acudirían a la acción de protesta convocada por vecinos del pueblo para mostrar su apoyo a sus reivindicaciones. No estaban, en cambio, los componentes del Grupo Popular, cuya portavoz, Manuela Caro, ya había reclamado también de manera pública la dimisión de Cuaresma. La fuerza conservadora alegó que su ausencia se debía a que desconocían el origen de la movilización y a que nadie les había convocado de un modo directo.

Mientras, el alcalde, que manifestaba su respeto al derecho del ciudadano a expresar su opinión, puntualizaba que “la concentración no se ha convocado de forma legal”. El regidor nacionalista, que precisó que el tema del hallazgo de los huesos está “en vías de solución”. Según subrayó, la Guardia Civil “abrió las diligencias correspondientes y, una vez concluidas, actuaremos como corresponda”. Lo que sí dejó claro Francisco Javier Cuaresma es que, bajo ningún concepto, se plantea su posición al frente del Consistorio: “Quien me tiene que quitar de la Alcaldía es el Pleno”. Sin duda, un reto en toda regla a los grupos de la oposición, compuesta por los cinco ediles del PSOE y los dos del PP frente a las cuatro del PA. La llave la tienen los populares.

El Ayuntamiento no contrató la gestión de los residuos de la obra del cementerio

El Ayuntamiento no contrató la gestión de los residuos de la obra del cementerio

La empresa adjudicataria de la construcción de nuevos nichos y un horno en el campo santo asevera que no trasladó huesos, escombros ni maderas “ni al Parque ni a ningún lado” · “De ello se encargaba el Consistorio porque se le disparaba el presupuesto”, apunta

EL CAMPILLO. El caso del arrojo de restos humanos procedentes del cementerio de El Campillo en el Parque Municipal Los Cipreses y en la cancha de tiro del municipio minero sigue abierto. La indignación continúa en el pueblo, alimentada aún más por el comunicado con el que el alcalde de la localidad salvocheana, el andalucista Francisco Javier Cuaresma, mostraba su sorpresa ante tales hechos y lanzaba las culpas sobre la empresa adjudicataria de las obras de remodelación del campo santo. El emprendedor que ejecuta las mismas, Francisco Vázquez Caballero, asevera de un modo rotundo que el Consistorio no contrató sus servicios para la gestión de los residuos. “Mi función empezaba y terminaba en el movimiento de tierras, la urbanización de las calles y el espacio en el que se levantarían nuevos nichos y en la construcción de un horno para que así, en adelante, sólo se echaran en el osario los huesos, sin ataúdes”.

Este testimonio, que se apoya en la imagen del extracto del presupuesto de la obra, en el que se observa que el capítulo de gestión de residuos contempla un coste de cero euros para el Ayuntamiento, pone de relieve la “falsedad” del escrito con el que el regidor nacionalista “ha tratado de salir al paso y engañar al pueblo a costa de ponerle la soga en el cuello al más débil, al trabajador”. Francisco Vázquez Caballero aclara, en este sentido, que el Consistorio rehusó contratar a su empresa para que se encargara de las medidas y medios necesarios para garantizar el correcto almacenamiento, retirada y depósito de residuos en una planta de tratamiento o vertedero autorizados “porque se les disparaba el coste de la obra”, cuyo importe, sin incluir ese apartado rondaba los 21.000 euros. “Para ahorrarse ese gasto decidieron asumir con recursos propios esa obligación”, de ahí que, según continúa, resulte “denigrante” que Cuaresma “alegue que sólo nos autorizó a depositar en el Parque madera para su quema”.

El adjudicatario de la actuación para la mejora del cementerio, que cuenta con el apoyo del PSOE y el PP al entender que el responsable último y único de esta situación es el alcalde, registraba ayer un escrito en el Ayuntamiento de El Campillo para exigir una rectificación pública inmediata ante lo que considera un “claro ataque indiscriminado e injustificado”. Incluso, ha puesto el asunto en manos de su abogada para, en el caso de que hoy mismo no tenga una respuesta favorable, interponer una denuncia contra el alcalde por injurias y calumnias. “Porque miente y lo hace a sabiendas”, ya que “es el Ayuntamiento, con sus propios medios, el que ha trasladado todos esos restos a Los Cipreses y a la cancha de tiro, lógicamente, cosa que nunca pude imaginarme, sin pedir los permisos oportunos y sin el tratamiento adecuado, vistos los lugares en los que han considerado oportuno tirarlos”, sentencia.

Los restos no han sido retirados de la cancha de tiro

Los restos no han sido retirados de la cancha de tiro

Las imágenes tomadas por vecinos de la localidad demuestran que sólo han desplazado los desechos hacia una hondonada para luego ocultarlos con unos ramajes

EL CAMPILLO. La aparición de huesos humanos procedentes del osario del cementerio en distintos puntos de El Campillo motivó el pasado fin de semana la visita de la Policía Judicial de la Guardia Civil hasta en dos ocasiones al municipio salvocheano, primero a Los Cipreses, en la noche del sábado, y, después, a la cancha de tiro al plato, en la tarde del domingo. En ambos lugares, la Benemérita tomó imágenes y las muestras oportunas y ordenó la custodia y retirada de los restos al Ayuntamiento. Éste lo hizo, en el caso del Parque Municipal en la mañana del domingo, pero no ha actuado igual en el segundo espacio, donde, como demuestran imágenes tomadas por vecinos de la localidad, sólo han desplazado los desechos allí arrojados hacia una hondonada para luego ocultarlos con unos ramajes. Ante estos episodios, el mensaje “Cuaresma, dimisión” se expande por las redes sociales, en las que ya se empieza a convocar a la ciudadanía a una concentración en las puertas del Consistorio el próximo sábado, a partir de las 17:00 horas, bajo el lema “Por la dignidad”.

Indignación total ante el hallazgo de restos humanos del cementerio en Los Cipreses

Indignación total ante el hallazgo de restos humanos del cementerio en Los Cipreses

Las redes sociales echan humo con un mensaje claro: “Cuaresma, dimisión” · PSOE y PP piden explicaciones y la marcha del alcalde · El PA responsabiliza a la empresa adjudicataria de las obras del campo santo

EL CAMPILLO. Las redes sociales echan humo. El mensaje “Cuaresma, dimisión” se extiende, de una u otra manera, por los perfiles de facebook de numerosos ciudadanos. La secretaria general del PSOE, Susana Rivas, pide explicaciones y responsabilidades políticas ante una “tropelía sin precedentes”. El PP que encabeza Manuela Caro, que sostiene al PA en minoría en el Gobierno municipal tras la ruptura del pacto que mantenían ambas fuerzas, reclama la dimisión e insinúa que trabaja en una propuesta para que el alcalde, el nacionalista Francisco Javier Cuaresma, deje de serlo para que otro edil tome el bastón de mando. El regidor, en un comunicado, lanza las culpas sobre la empresa que acomete las obras de mejora del cementerio municipal. La indignación es máxima ante el arrojo de restos humanos procedentes del osario del cementerio en el Parque Municipal Los Cipreses y otros puntos de El Campillo como la cancha de tiro al plato.

La noticia saltaba el sábado por la noche, cuando agentes de la Guardia Civil y la Policía Judicial, tras recibir la denuncia de vecinos de la localidad, acudían al Parque Municipal Los Cipreses para tomar imágenes y muestras del lugar en el que se hallaban los huesos, según la propia Benemérita, en una cantidad abundante.  La investigación se alargó hasta las 4 de la madrugada. Al día siguiente, a primera hora, el Ayuntamiento procedía a su retirada. Pero no acabaría ahí. A mediodía del domingo miembros del Grupo Municipal Socialista acudieron a la cancha de tiro al plato ante el rumor de que allí también se habían depositado restos. Se confirmó y se repitió el proceso. Tras la llamada al 062, la Policía Judicial, a la que el alcalde, que la noche antes había declarado en el cuartel de Zalamea la Real hasta las 2:00 de la madrugada, no advirtió que hubiera más focos, volvió a El Campillo y ordenó de nuevo la retirada tras realizar las pesquisas oportunas.

La alarma se extendió de inmediato entre los habitantes del municipio, que no entienden cómo se puede atentar así contra la dignidad de esos seres humanos que yacían en el campo santo, contra sus restos, tirados en cualquier sitio y de cualquier manera como si de basura se tratara. “Merecen más respeto”, denunciaba el concejal socialista Pablo Pineda, que hacía alusión también al riesgo sanitario “innecesario” al que se había expuesto, en especial, a los más pequeños, por el peligro que entrañaba para ellos el simple hecho de que puedan acercarse a esos restos mientras juegan en un espacio público como es un Parque Municipal, declarado, además, como recordaba, Zona de Especial Protección. Los socialistas insistían en que el alcalde “tiene que dar explicaciones al pueblo, muchas, y no eludir ni culpas en perjuicio de los trabajadores ni responsabilidades políticas, ni la más mínima. Porque esto es inadmisible. Porque esto no se puede consentir”.

El PP se sumaba. La hasta no hace mucho primera teniente de alcalde, la popular Manuela Caro, aludía, incluso, a una manifiesta “incompetencia personal y política” que viene a justificar aún más el fin de la alianza nacionalista-conservadora (cuatro y dos concejales frente a los cinco del PSOE) que suscribieron las dos formaciones en junio de 2011 y que tocó a su fin el pasado 18 de diciembre. Desde las redes sociales le invitaba a reflexionar sobre sus capacidades y a permitir que “otros ocupen la primera línea de la toma decisiones”, porque el pueblo “no vota a una persona sino a todo un equipo”. Caro abogaba por la búsqueda de una “solución inmediata” en la que “primen los intereses generales sobre los particulares”. Ya hoy, a través de un comunicado, pedía la dimisión ante la “gota que colma el vaso” de las “meteduras de pata constantes” y las medidas “descabelladas” del único regidor andalucista de toda la provincia. Los calificativos ante tales acontecimientos coinciden: “inadmisible”.

La reacción de Francisco Javier Cuaresma, ilocalizable durante el domingo (y poco receptivo en la mañana de hoy) para la multitud de medios de comunicación, tanto de radio y televisión como de prensa escrita, ha llegado en una nota informativa en la que manifiesta su sorpresa por el hallazgo de los huesos humanos en el Parque Los Cipreses (y en la cancha de tiro al plato) y en la que defiende la “máxima celeridad con la que ha procedido el equipo de Gobierno a la limpieza, retirada y posterior custodia de los restos para darle el tratamiento adecuado”. Según el alcalde, el Ayuntamiento sólo autorizó a la empresa adjudicataria de los trabajos de remodelación del cementerio municipal a depositar en el Parque “madera para su quema” (no menciona ni piezas óseas ni escombros) junto con los desechos de las podas de árboles que se realizan en estos momentos por el casco urbano, ante lo que anuncia la apertura de un expediente informativo para depurar las responsabilidades derivadas de esta mala actuación”.

La respuesta no convence. Nada más conocerla, distintos miembros de la dirección del PSOE ya sentenciaban que el contenido de ese texto sólo venía a ratificar “lo que ya esperábamos”, que el alcalde “no quiere dar explicaciones reales sobre un hecho tan grave como el esparcimiento de restos humanos del osario municipal, como mínimo, en el Parque Los Cipreses y en la cancha de tiro al plato”. Desde la Casa del Pueblo son tajantes: “Se esconde. Se escuda en echar las culpas a los trabajadores con un comunicado indecente y hasta se niega a atender a la prensa que quiere informar de lo ocurrido, porque es un escándalo y la ciudadanía tiene derecho a saber. Si no da la cara hay que obligarle a darla, en un Pleno extraordinario o una asamblea pública. Y si tampoco así la da, sólo queda obligarle a dimitir, porque está claro que él jamás se planteará hacerlo”, culminan los socialistas. Mientras tanto, la indignación sigue en las redes, con amagos, incluso de convocatorias de concentraciones ante el Ayuntamiento.

La semilla del socialismo

La semilla del socialismo

Esmeralda Pérez Mariano, de El Campillo, de Salvochea. Hija, esposa, madre de socialistas. Socialista ella, mujer, militante, de pura cepa, desde la infancia, por convicción, por sufrimiento, por lucha, por inconformismo, por su indignación y su rebeldía, por su impotencia ante la injusticia, porque cree en esas ideas y porque sufrió el azote de la represión fascista por ello, por acunarlas, por defender esos nobles principios, por convivir con el terror, por caminar con el miedo, con esas tribulaciones, con esos profundos pesares que no son más que la más fehaciente prueba de su valentía, porque nunca se rindió. Porque, a muy temprana edad, perdió a su padre, se lo arrebataron, se lo arrancaron de cuajo. Por el simple hecho de ser lo que ella es, socialista, por ser concejal en el arranque, en el comienzo, en los albores de la Corporación Municipal de Salvochea, por inaugurar la autonomía local abierta tras la constitución del Ayuntamiento de Salvochea aquel 22 de agosto de 1931, una vez independizado de Zalamea la Real al calor de los vientos revolucionarios, de libertad, esa en la que siempre creyó ella, instaurados en nuestro país por la añorada Segunda República.

Narciso Pérez Rodríguez se fue. Primero sería encarcelado, el 10 de octubre de 1934, para permanecer preso casi dos meses, hasta el 3 de diciembre de 1934. Su delito, su culpa, su participación en la Revolución de Octubre. Luego sería edil socialista de Salvochea, entre el 22 de febrero y el 26 de agosto de 1936. Su compromiso social, su conciencia obrera, lo colocaba en las listas negras, entre los elegidos de la sinrazón. Estaba condenado ya. Sólo quedaba esperar el tiro de gracia, el vacío, el olvido, de una fosa común. Lo fusilaban vilmente, a sangre fría, el 1 de septiembre de 1936. Murió. Dejaba huérfanos a cinco hijos (otros dos murieron) y viuda a su mujer, Sebastiana (quien también sobrevivió a un disparo en la pierna en su exilio en la aldea de El Membrillo). Pereció, pero en ella, especialmente en ella, en Esmeralda, quedó su semilla. Una semilla que germinaría, que nunca se marchitaría, que crecería pese al silencio impuesto, pese a la espesura de la eterna niebla sembrada por el franquismo, pese al horror, pese a la represión tenaz y constante de quienes los dejaron, como a tantos otros, en la miseria, sin pensión alguna y hasta, si hubieran podido, porque lo intentaron, sin casa, sin su casa.

La semilla jamás se detendría, como tampoco lo hace la primavera, primero sola, para salir adelante junto a los suyos, con esfuerzo, sudor y lágrimas, con tesón, con sacrificio, con esa fortaleza que sólo las mujeres son capaces de sacar de la flaqueza, pese a la adversidad, con un trabajo y otro, de lo que fuera, donde fuera, porque eran tiempos de eso, de penurias, de un servilismo impune, de sometimiento, de ausencia del más mínimo de los derechos, de abandono a la suerte o, más bien, al infortunio, de todo lo que oliera a rojo, a amor a la libertad. Avanzó, sin que ese miedo se borrara de su mirada triste, jamás, pero sin pararse, sin vencerse, porque tenía que seguir, como fuera, sin descansar, en una senda en la que encontró al que pronto sería su marido, con el que contribuiría, con el que pondría su grano de arena, a la conquista de la democracia. Su compañero, su alma, su otra mitad era (y es) Carlos Pernil Nieves, también socialista, también concejal de Salvochea (ya El Campillo tras el cambio de denominación por decretado por el régimen ilegal del caudillo), como lo fuera su progenitor, en el mandato 1983-1987.

Juntos, Esmeralda y Carlos, ella con su sentimiento, con su profunda creencia en el socialismo, en ese proyecto de vida que mamó, el mismo que fundó Pablo Iglesias y en cuyas palabras el poeta Antonio Machado detectaba el timbre inconfundible de la verdad humana, y él con su acción, con su combatividad, con su pasión, con esa vehemencia necesaria, tomarían parte en esos inicios también difíciles, en los que cualquier movimiento en falso podía devolver los tiempos oscuros de un pasado aún cercano, en los que aún imperaba el miedo, ése que a ella nunca ha abandonado, que nunca se ha despegado de su ser, que persiste en lo más hondo de su interior, que todavía hoy aflora y la atormenta. Pese a ello, nunca desistieron. Juntos consiguieron mucho y juntos se apartarían cuando ya sintieron que se afianzaba lo que ellos tanto soñaron, o que, al menos, tocaba a los que venían por detrás culminar el tránsito a la libertad. Tocaba dejar paso a savia nueva, a la que ellos mismos, con su amor, habían engendrado, a los frutos de su semilla, rosas rojas provenientes de sus entrañas, porque Esmeralda es la madre de la primera alcaldesa de la historia de El Campillo, Irene Pernil Pérez (1989-1991), y de Juan Carlos Pernil Pérez, minero y también edil bajo las siglas del puño y la rosa en varias etapas (1987-1995 y 1999 y 2003).

Hoy Esmeralda se aproxima a los 90 años y el PSOE, el socialismo, le reconoce su valía, su aportación, le brinda, a su salud, el merecido homenaje, por su abnegación, por su entrega a las ideas por las que siempre luchó, por las que tanto le quitaron, por las que tanto nos ha dado, porque su briega incansable, callada, invisible, porque su corazón, sin duda, como el de tantas otras mujeres como ella, ha construido un mundo mejor que el que ella conoció, para nosotros, para sus hijos, para sus nietos, porque ella, como su padre, sabía que lo que se lograra no iba a ser para ella, sino para los demás. Y eso, lo que ella ha portado sobre sus espaldas ya cansadas, ya decaídas, ya envejecidas por los tantos fríos inviernos a los que se ha enfrentado, es socialismo. Ésa es la grandeza, la generosidad, la solidaridad, que emana del puño y la rosa. Y Esmeralda es una más, imprescindible como todas, de esas mujeres que, en silencio, en el anonimato, desde ese amor puro y sincero a la libertad, a la igualdad y a la justicia social que inyecta fuerza a los demás para seguir, para no desfallecer, lo han dado todo sin pedir nunca nada a cambio. Esmeralda es, hoy más que nunca, semilla del socialismo.

El pueblo habla... y reivindica la toma de la calle

El pueblo habla... y reivindica la toma de la calle

La fiesta de la libertad resiste en El Campillo con cinco agrupaciones · Los Perendengues cumplen 31 años sobre un escenario que toma aire con los pequeños de ‘Con ciencia de carnaval’ · El mal tiempo no impide que los disfraces inunden las calles y la nave municipal

EL CAMPILLO. La fiesta de la libertad resiste en El Campillo. Cinco agrupaciones se han subido al escenario del Teatro Municipal Atalaya en los recién concluidos carnavales. Cuatro chirigotas y una comparsa se han erigido así, como siempre, en portavoces del pueblo y han hablado, han emitido su veredicto y han puesto, al compás del tres por cuatro, notas de sátira, ironía y humor a lo acontecido a lo largo del año, con las ineludibles caricaturas del paisaje y el paisanaje. Son menos (cinco frente a las seis de 2013 y 2012 o las ocho de 2011), pero con fuerza, la de la experiencia, encarnada en la Peña Los Perendengues y sus 31 apariciones sobre las tablas, y la de la garantía del relevo que supone la savia fresca que aportan los pequeños de Con ciencia de carnaval en su tercera irrupción en las carnestolendas mineras.

Los Perendengues, chirigoteros incansables que en el año anterior, con Viajes Bien Dao, recuperaban el tipo de turistas con el que cortaban la cinta del carnaval campillero en 1984, han puesto en liza en esta ocasión el jolgorio y la alegría de una muy peculiar boda gitana, la de To er mundo de borrachera y las cabras encerrás, nombre con el que han hecho un llamamiento directo a la rebeldía y al compromiso social contra lo que ocurre en el país. Un mensaje que se ha repetido, ya en el género serio, en la también veterana comparsa de la Peña Los Diablos (que acumulan 26 presencias ininterrumpidas sobre el escenario), que, bajo la máscara de Los dictadores y la riqueza de sus voces, han emitido un canto a la libertad y al levantamiento del pueblo contra un sistema opresor que, con la apariencia de democracia, según insisten, no viene a ser más que “un collar distinto, el mismo perro”.

Los Esponjas, por su parte, habituales de las tablas salvocheanas desde 1993, han diseñado este año, desde su condición de modistos acompañados por su inseparable maniquí, Una puntá en el ojal. Con ello aumentaban su currículo en una modalidad de chirigota a la que volvían en 2013 con la rehala de Este año hacemos el CANelo tras su paso por el cuarteto en 2012 con la consulta médica de ¿Hay número pa hoy? El género del humor continuaba con las féminas juveniles de Las Grillas Estripá, que, en su quinto aniversario, se han reivindicado a sí mismas, su papel, su participación y su amor a su pueblo con Como mi canto ninguno después de propuestas tan dinámicas como Comuna cabra (locas) o Un carnaval embarazoso (clases de premamá). Junto a ellos, los científicos infantiles de Con ciencia de carnaval (en 2013, los mandos de televisión de Los esclavos del gordo), quienes, con sus inventos, han encendido la chispa de la sensibilización para que el carnaval nunca se agote.

Las constantes entre las letrillas, la ruptura parcial del pacto de Gobierno entre PA y PP, la ordenación del tráfico en el casco urbano, el cómico accidente que en verano se llevó por delante un trozo de valla del colegio, el operativo montado por la Guardia Civil contra la droga que acabó con detenciones en la vecina Nerva, la fallida saeta en una procesión de Semana Santa, los regalos de la Cabalgata de Reyes Magos o las carencias del alumbrado, entre otras. Unos temas a los que se sumaban pinceladas sobre la ansiada apertura de la mina (cada vez más difuminada en los repertorios, tal vez por la falta de confianza en su llegada) o la denuncia interpuesta por el alcalde, el andalucista Francisco Javier Cuaresma, a miembros de las Juventudes Socialistas salvocheanas por colocar la bandera republicana en el balcón del Ayuntamiento el 14 de abril, objeto de un pasodoble durante el que también se desplegó la tricolor en el gallinero.

Estos fueron los ejes de una partitura que, acto seguido, tras los tres pases de actuaciones en el Teatro Municipal Atalaya, bajo el reinado de Alba Rubio Fernández y su corte de damas y el pregón de María José Bermejo, sin olvidar la colaboración de la comparsa riotinteña La hora bruja (femenina), el miércoles; y de la nervense Los Remendaos (masculina), el jueves, dio paso a la toma de la calle. El mal tiempo, la niebla y la lluvia, no evitó que el pueblo se llenara del colorido de un amplio elenco de disfraces en un desfile que, si bien no tuvo más remedio que acortarse, recorrió las arterias principales del municipio para concentrarse después en la nave municipal y alargarse hasta altas horas de la madrugada. Con el alba, El Campillo retornaba a la Cuaresma.

El PSOE exige una bajada sustancial en el sueldo de un alcalde “no rentable”

El grupo socialista ha registrado una moción en la que reclama el destino de buena parte de los 33.936 euros brutos al año que cobra Cuaresma a la puesta en marcha de un plan de empleo local

EL CAMPILLO. El primer paso dado por el grupo socialista tras la ruptura del pacto de gobierno entre PP y PA ha sido la presentación de una moción que anule la que fue la primera medida adoptada por la alianza conservadora-nacionalista: establecer un sueldo de 33.936 euros brutos al año para el alcalde, Francisco Javier Cuaresma, un salario, a juicio del PSOE, “desorbitado y, por tanto, irresponsable”. De hecho, así se lo hizo ver en su día al regidor andalucista la propia secretaria-interventora del Ayuntamiento. Desde la Casa del Pueblo exigen una bajada sustancial de esta nómina para destinar esos fondos, “junto al complemento que sea necesario”, a la puesta en marcha de un plan de empleo local que venga a “subsanar algunas deficiencias enquistadas en el municipio”. Entre ellas, según exponen en su último boletín informativo, “una contrastada falta de limpieza de las calles, un pésimo funcionamiento del alumbrado público que ha derivado en que zonas completas, tanto del núcleo de El Campillo como de la aldea de Traslasierra, queden sumidas en la oscuridad absoluta durante periodos indeterminados y una ausencia total de mantenimiento y vigilancia de las instalaciones del Colegio Público de Educación Infantil y Primaria (CEIP) La Rábida, causada por la desaparición de la figura del conserje”.

Los socialistas entienden que esa reducción “no puede ser más urgente”, puesto que “esos desproporcionados emolumentos han traído efectos negativos para la autonomía municipal y para la capacidad del Ayuntamiento para dar respuesta a las necesidades de la ciudadanía en unos momentos difíciles como los que se viven a causa de la crisis y el desempleo”. La primera consecuencia de esos honorarios fue, como apuntan, la aprobación por parte del equipo de Gobierno PA-PP de un “severo” plan de recortes de ayudas y de subidas de impuestos y tasas municipales a cambio de un crédito de 132.885,22 euros en el marco del Plan de Pago a Proveedores diseñado por el Ejecutivo de Mariano Rajoy. Una decisión que, para el PSOE, “maniataba” al Consistorio y que “no estaba justificada”, en la medida en que la dedicación exclusiva de Francisco Javier Cuaresma costará a las arcas municipales en los cuatro años de mandato alrededor de 186.000 euros (sumados a los 33.936 euros anuales de nómina los 12.500 euros aproximados de gastos de Seguridad Social). “Sin ese desmedido sueldo los campilleros podrían haberse ahorrado el sufrimiento de esos ajustes confeccionados por la sociedad popular-andalucista. No habría sido necesario ese préstamo que hay que devolver en un periodo de 10 años (con dos de prórroga) a un interés del 5,94 por ciento”.

La “irresponsabilidad” de esa liberación, “atribuible al resto de ediles del PA y a los dos del PP, todos cómplices de la misma”, descansa también, según profundizan los socialistas, en su “falta de rentabilidad para El Campillo”. La nómina del alcalde, desde la óptica de la fuerza del puño y la rosa, “no se ha traducido en gestión ni en la llegada de subvenciones ni proyectos que redunden en el más mínimo desarrollo social y económico del pueblo y, por consiguiente, tampoco en una mejora de la calidad de vida y el bienestar de sus ciudadanos”. Cuaresma, continúan, “pese a percibir al año 14 pagas más que generosas, se ha limitado en su acción diaria a ver pasar el tiempo, en muchos casos, a pie de obra”. Una obras, recalca el PSOE, “siempre acometidas por las inversiones y los esfuerzos de otras administraciones por aliviar la situación de desesperación que sufren muchas familias, en especial, por los planes especiales de empleo y contra la exclusión social diseñados por la Diputación de Huelva y la Junta de Andalucía frente al maltrato a nuestra tierra del Gobierno del conservador Mariano Rajoy”. Ha quedado “patente”, por tanto, bajo la perspectiva de la oposición, que “la generosidad manifestada por los campilleros a través de ese salario de 33.936 euros brutos anuales no recibe, ni de lejos, la recíproca respuesta del regidor”.

La legitimidad de la mayoría

La reciente ruptura del pacto de gobierno que mantenían PA y PP, con cuatro y dos concejales, frente a los cinco ediles cosechados por el PSOE tras su victoria en las Elecciones Municipales de 2011, y la decisión de la fuerza conservadora que encabeza Manuela Caro de sostener a los nacionalistas en la Alcaldía deja a El Campillo en manos de un partido que “no encarna al sentir mayoritario de la ciudadanía manifestado en las urnas”. Ante esta nueva situación, el PSOE esgrime que la Junta de Gobierno Local, cuya existencia no es obligatoria en el caso de los municipios de menos de 5.000 habitantes, “carece de legitimidad para tomar decisiones, ya que sólo representa a una minoría”. En consecuencia, “por higiene democrática y para impulsar la transparencia, así como el diálogo y la búsqueda de consensos sobre los aspectos que afectan al conjunto de los campilleros”, se hace imprescindible, a juicio del grupo socialista (que así lo reivindica en una moción registrada ya en el Ayuntamiento), su supresión y el traspaso de sus competencias al Pleno, “para que todas las políticas a desarrollar por el equipo de Gobierno pasen de un modo ineludible el filtro de la única cámara en la que está representada en estos momentos la mayoría y, por consiguiente, la voluntad del pueblo”. Esta medida, según concluyen, “se hace más necesaria aún si se tienen en cuenta las serias sospechas que han sembrado sobre la capacidad de los andalucistas (también de los populares) las palabras con las que la hasta hace poco primera teniente de alcalde justificaba la disolución de su alianza con el PA”.